José E. Muratti Toro

Punto de vista

Por José E. Muratti Toro
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El Partido Democrático-Republicano y el COVID-19

Temprano en los 1790, Thomas Jefferson y James Madison fundaron el Partido Democrático-Republicano, que se llegó a conocer como el Partido Republicano, y promovía el republicanismo (recuérdese que el resto del mundo era gobernado por monarcas), la igualdad política y el expansionismo.

Aproximadamente 230 años más tarde, ideológicamente no hay mucha diferencia entre republicanos y demócratas. Por eso Bernie y Warren no han contado con el apoyo del “establishment” demócrata. Dicho esto, los demócratas son más “humanos” o “largo-placistas” mientras que los republicanos son empedernidamente materialistas o “corto-placistas”. Los demócratas son conscientes de que, si no se mitiga la explotación de los asalariados, tarde o temprano se rebelan o recurren agresivamente a la criminalidad, lo cual atenta contra la supervivencia del sistema. A los republicanos y sus irrazonables facsímiles, no les importa. “Lo quieren todo, lo quieren aquí, lo quieren ahora”. Y los que se rebelen tienen dos opciones, o culpan a los “otros” de turno (antes eran italianos, irlandeses, chinos, ahora latinos, musulmanes y los de siempre: los negros), o les sueltan alguna fuerza armada que los abata a tiros, como los uniformados de Pullman o los estudiantes de Kent State.

Dicho esto, Pelosi y los demócratas están tratando de mitigar el hecho de que los asalariados de 38 de 50 estados no cuentan con días pagos por enfermedad, mientras los republicanos se oponen e insisten en indemnizar a los negocios. “Todo te lo consiento menos afectar las ganancias”. 

El COVID-19 va a tener el efecto de desenmascarar la incompetencia (propia de quienes escogen por afiliación al partido en vez de credenciales) del gobierno republicano, revelar el absoluto desprecio de Trump hacia los seres humanos, y la falacia de que privilegiar las grandes corporaciones tiene un efecto de filtración vertical de la riqueza hacia los menos afortunados.

Lo peor del caso es que los que más sufrirán los efectos del virus serán, una vez más, los más vulnerables: los envejecientes, los pobres con mayor incidencia de enfermedades y conductas que provocan inmunodeficiencias, los pobres con menor acceso a servicios de salud, gran parte de los cuales creen a pie juntillas las promesas de los políticos más conservadores y pro-sistema. 

Sobrevivirán más jóvenes que viejos, pero ¿lograrán cobrar consciencia de que les espera la misma suerte?

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