José Hernández Mayoral

Tribuna Invitada

Por José Hernández Mayoral
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El Partido Popular y su filosofía cultural

La filosofía del Partido Popular Democrático se dividió en 1959 en 13 esferas de acción. La que trato esta vez es la que concierne a lo cultural. Cuando el PPD habla de cultura, lo hace en un sentido más amplio que el literario, científico y artístico, para incluir todas las actitudes, hábitos y valores de la comunidad puertorriqueña.

Enunció su postura así: “Actitud de concebir la personalidad puertorriqueña, libre de nacionalismos, como una realidad básica, capaz de mantener su identidad esencial a través de todos los cambios que son naturales en una sociedad de crecimiento dinámico”.

Hay cuatro puntos ahí. Primero y fundamental: existe una “personalidad puertorriqueña”. Segundo: como estructura histórica está sujeta a cambio, siendo esa una realidad de todos los pueblos. Tercero: ese cambio debe darse manteniendo su identidad esencial. Cuarto: pero libre de nacionalismos.

El PPD planteó lo anterior como parte de su filosofía porque entiende que el gobierno tiene un papel que desempeñar directamente en el asunto.

Las razones las dio Muñoz Marín en su discurso ante la Asamblea de la Asociación de Maestros en el 1953, mensaje que debiera ser parte del canon de lecturas de todos los puertorriqueños: “Creo que estamos cerca del preciso momento histórico en el que si no tomamos comando deliberado del proceso cultural, a base de examinar cómo es y de examinarnos sobre cómo debiera ser, se puede malograr la personalidad puertorriqueña en inextricables burundangas sin mucho pie ni cabeza. Y perder la personalidad de un pueblo es perder su vida aunque subsista y se multiplique y mejore en técnicas y saberes la de sus individuos.”

El “preciso momento histórico” que Muñoz veía aproximándose era el cambio social que provocaba el progreso económico dentro de su asociación a Estados Unidos. Al entender que en esa asociación “reside la mayor oportunidad de nuestro pueblo para realizar su legítimo afán de vencer la extrema escasez económica en las vidas de su gente” se hacía imperativo evitar que eso llevara a la “asimilación cultural de lengua y maneras y espíritu”.

El peligro no lo veía Muñoz inherente a la relación sino más que nada en la inercia: “La cultura puertorriqueña tiene una lado inerte, llamémosle mangansón, que se deja imponer maneras que nadie siquiera está intentando imponerle”. Eso, añadió, “puede conducir a que se le enrede infelizmente su personalidad”.

Donde más veía esa inercia era en el idioma, en la desorganizada e inconsciente sustitución de un vernáculo por otro, en los “Auto Supplies”, los “Beauty Parlors”. Hoy los vería en los “Guaynabo City” y en los “Popular Business Solutions”

“El idioma es la respiración del espíritu”, decía. Y esa mezcolanza “priva de gran parte de su libertad sutil de ser sí mismos, de alguna parte de su vigor espiritual, le merma en alguna manera su capacidad para la felicidad”.

Pero esa personalidad puertorriqueña no puede ser estática. “Estático es que un pueblo se duerma en su pasado y no cambie”. Su evolución debe ser libre de nacionalismos en el sentido de que esté dispuesta a adoptar: “Dinámico es que su genio adopte y adapte, a su manera propia, las grandes y dignas y buenas cosas de otras culturas.”

“Quien decide que una forma de institución es mejor que la que tiene, y deliberadamente la aclimata a su acervo cultural, no está demostrando inferioridad sino buen sentido y confianza en sí mismo”.

Así lo resumió: “Ni estático y sentimental respecto al pasado; ni inerte ni servil en cuanto al presente; sino con un sentido de sí mismo vigoroso y humilde”. Es así que el PPD ve como se debe forjar el puertorriqueño.

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