Juliana Barbassa

Tribuna Invitada

Por Juliana Barbassa
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El peligro de defraudar a los jóvenes

Seguimos de cerca la vida de cuatro jóvenes en cuatro esquinas de Latinoamérica y concluimos que frustrar sus expectativas puede salir más caro que invertir en cumplirlas.

Lo que Maynor realmente quiere es ser una estrella del fútbol. Si no puede conseguirlo, entonces le gustaría ser un diseñador gráfico. O un mecánico de automóviles -dice- consciente de su realidad de estudiante de secundaria de 19 años en las afueras de San Salvador, al que todavía le faltan tres años para graduarse.

Claro que ser mecánico también requiere de años de entrenamiento y entre el trabajo, los estudios y ayudar en la casa, a Maynor no le sobran mucho tiempo o energía. Pasando abruptamente del entusiasmo total al desaliento absoluto, Maynor insinúa que está pensando en abandonar la escuela. Así por lo menos podría trabajar tiempo completo.

Soñar en grande sobre la vida, el amor o la profesión es de lo que se trata ser joven. Sólo que ahora, por primera vez en América Latina, algunas metas que siempre fueron lejanas han dejado de ser sueños y ahora parecen alcanzables. Por lo menos en lo que respecta a la profesión… ya que hasta ahora nadie ha podido descifrar la clave del amor o del estrellato futbolístico.

Los jóvenes como Maynor, que crecieron en América Latina durante el auge de las materias primas de hace una década, han disfrutado de oportunidades educativas y económicas con las que sus padres ni siquiera soñaban. Esta generación que se encamina a la vida adulta viendo cómo por primera vez la clase media es más numerosa que la clase baja, es mejor educada, mucho más conectada con el mundo y más ambiciosa que cualquier otra en la historia, lo que hace de este momento una oportunidad única para América Latina.

Pero es ahí en donde radica el peligro. Bien manejado, este momento podría transformar no sólo vidas sino la región entera. Mal manejado, podría abrir paso al descontento, el estancamiento económico y, en últimas, la agitación política y social.

La historia de Maynor y su generación es, antes que nada, una historia de posibilidades. Hay 156 millones de jóvenes entrando al mercado laboral en América Latina y el Caribe que representan el 20 por ciento de la población, el porcentaje más grande en la historia de la región. Esta cosecha abundante de jóvenes trabajadores, que se benefician de un contexto demográfico en el que hay menos bebés para alimentar y menos jubilados para mantener, puede ser un poderoso motor de crecimiento económico.

Americas Quarterly (AQ) la revista de la cual soy editora, resolvió seguir de cerca durante ocho semanas la vida cotidiana de cuatro jóvenes en diferentes esquinas del continente: Guadalajara, Lima, Río de Janeiro y San Salvador, para ser testigos de sus ambiciones, sus sueños y los obstáculos a los que se enfrentan. Lo que vimos nos llenó de esperanza, pero también nos hizo ver que muchos de los  obstáculos que enfrentaron los padres de los jóvenes de hoy, todavía están atravesados en su camino: el acceso desigual a recursos, sistemas educativos inflexibles y mal diseñados, gastos del gobierno que favorecen a los más viejos y a los más pudientes, y falta de trabajos en la economía formal.

Aunque la tasa de desempleo para los jóvenes en América Latina mejoró de manera sostenida durante la década del 2000 y llegó a caer al 14,6 por ciento en 2013, ha empezado a aumentar de nuevo. En 2016 ya estaba en 16,8 por ciento, el triple del desempleo que afecta a las personas de mayor edad. Más grave todavía, un tercio de quienes trabajan lo hacen en el sector informal, estancados en empleos sin futuro, con salarios bajos y sin prestaciones. En El Salvador, el 50 por ciento de los jóvenes están en esa situación.

El número de jóvenes que estudia está aumentando, pero muchos están  matriculados en programas que no ofrecen las herramientas adecuadas o que no tienen flexibilidad para acomodar a los estudiantes que también trabajan. La deficiencia en el transporte público le roba a los jóvenes importantes horas de estudio o de sueño. Barrios plagados por inseguridad no hacen sino aumentar el problema.

Los gobiernos no están haciendo lo suficiente para cumplir con sus responsabilidades. Es el caso, por ejemplo, del gasto en pensiones. Países como Brasil y Uruguay invierten mucho más en beneficios para las personas mayores  (11,4 por ciento y 13,4 por ciento del PBI, respectivamente) que el promedio de 8 por ciento que gastan los miembros de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos, un club de países en su mayoría ricos. Esfuerzos recientes de gobiernos por recortar pensiones y seguridad social, y por reducir los presupuestos para escuelas, vivienda y salud no son precisamente un avance.

Frustrar las expectativas de los jóvenes en Latinoamérica puede salir más caro que invertir en cumplirlas. Para aprovechar este promisorio momento, los gobiernos de la región necesitan con urgencia invertir activamente en los jóvenes: poner a su servicio mejores escuelas, programas vocacionales que les enseñen oficios y profesiones en demanda, intervenciones efectivas que identifiquen y sofoquen las causas de la violencia, mejor transporte público a los lugares de trabajo, estudio, o recreación,  y una red de apoyo social para las familias que atraviesan por dificultades.

Factores demográficos y económicos han creado una extraordinaria ventana de oportunidad para la transformación de América Latina. Es una coyuntura que no volverá a repetirse porque inclusive si los precios de las materias primas llegan a las nubes, dentro de una generación el continente comenzará a envejecer como ha sucedido con Europa y América del Norte. Latinoamérica corre el riesgo de envejecer sin haber tenido la oportunidad de enriquecerse.

Los gobiernos que quieran ver sus países crecer, no solo ahora, sino durante las próximas décadas, harían bien en fijarse en  Maynor y en otros jóvenes como él, y  enfocarse en entender lo que necesitan para ser exitosos. Lo que está en juego es importante, porque las perspectivas de estos jóvenes son en el fondo las perspectivas de toda América Latina.

(Juliana Barbassa es una galardonada periodista y escritora, que actualmente edita la revista norteamericana Americas Quarterly, dedicado al futuro de los jóvenes latinoamericanos, está disponible en www.americasquarterly.org.)

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