Emilio Pantojas García

Tribuna Invitada

Por Emilio Pantojas García
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El plebiscito: Un millón es el mínimo

La estadidad ganará el plebiscito del 11 de junio por un margen 90% o más, no le quepa duda. Tampoco dude que este triunfo no cambiará nada para los puertorriqueños, ni para los norteamericanos. Por eso, a una semana del plebiscito “para la descolonización inmediata de Puerto Rico”, no hay debate sustantivo ni entusiasmo político para el evento.

Una razón poderosa para ello fue la carta del subsecretario interino del Departamento de Justicia de Estados Unidos, Dana Boente. La carta desarmó de un plumazo el artilugio político que creó la Ley 7 de febrero de 2017 para fabricar una mayoría estadoista. Boente dice claramente en su carta que los resultados del plebiscito de 2012 no justifican excluir el status vigente y que la estadidad no es la única fórmula que garantiza la ciudadanía americana.

En el plebiscito de 2012, la estadidad sacó el mayor número de votos en la historia de los plebiscitos de status, 834,191. No obstante, este voto por la estadidad representó sólo el 44.4% de todos los votos emitidos en dicho plebiscito. Esto representa una merma porcentual de 2.1% respecto al voto para la estadidad en el plebiscito de 1998, cuando obtuvo el 46.5% de los votos. Dicho de otro modo, sacó más pero sacó menos. Aunque los estadoistas reclamaron que el voto de protesta dejando en blanco la segunda mitad de la papeleta no contaba, tanto la administración Obama como la administración Trump rechazaron el argumento. Dicho en puertorriqueño, Boente y el secretario Jeff Sessions le tumbaron el muñeco (artilugio) a los estadoistas.

Como “el plebiscito va” (“come hell or high water”), ponderemos cuáles son los escenarios posibles. Sabemos que el PPD, el PIP y casi todas las demás fuerzas políticas existentes boicotearán el evento. Los estadoistas irán prácticamente solos, frente a dos pequeños grupos de soberanistas e independentistas y un puñado de estadolibristas recalcitrantes.

Ante esto cómo calibramos la participación en el plebiscito. La reciente encuesta de El Nuevo Día proyecta una taza de participación de 72%. Habiendo 2,273,245 electores inscritos, participarían en el plebiscito 1,636,736 electores. Esto es, 46,745 electores más que en las elecciones de 2016 donde votaron 1,589,991 personas. Si esto ocurriera estaremos en presencia de una nueva etapa en la política puertorriqueña donde participan más electores en un plebiscito que en una elección regular.

Un método alterno, y más realista, sería suponer que participan todos los estadoistas que votaron por el gobernador Ricardo Rosselló, 660,510. O, mejor aún, seamos optimistas, y supongamos que participan todos los que votaron por la comisionada residente Jeniffer González, 718,591. Supongamos, además, que participarán entre 1 y 5% (22,733 y 113,662) de soberanistas y estadolibristas. El total de electores sería entre 741,324 y 832,253; una participación de entre 32.6 y 36.6%; los abstenidos representarían entre 63.4 y 67.4% del electorado.

Los 718,591 votos que sacó Jeniffer González representarían 115,600 votos menos (13.9% menos) que el voto a favor de la estadidad en 2012. Este número representaría apenas un 31.6% de los electores inscritos para el plebiscito. ¿Cómo se presenta entonces el argumento de que la mayoría abrumadora de “el pueblo de Puerto Rico” pide la estadidad? Como en 2012 argumentarán que los que no votaron no cuentan, que la estadidad ganó con más del 90% de los votos emitidos, el mayor porcentaje de la historia.

Ya imagino la porfía de los congresistas del Plan Tennessee y el liderato estadoista con los funcionarios federales, los congresistas y la prensa norteamericana. La matemática no da, si quieren lograr que el Congreso y la prensa les haga caso necesitan sacar por lo menos un millón (1,000,000) de votos a favor de la estadidad. ¡Buena suerte!

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sábado, 30 de junio de 2018

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