Juan Negrón Ocasio

Desde la diáspora

Por Juan Negrón Ocasio
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El plebiscito y el aleteo del PIP

A principios de los setenta, me encontraba en la escuela superior vendiendo Claridad. Ese cometido me dio la oportunidad de rodearme con gente intelectual. No opinaba mucho. Escuchaba más de lo que hablaba. Leía y analizaba. A los 17 salí de la escuela superior. Fueron años de lucha férrea en donde el Partido Socialista Puertorriqueño con Don Juan Mari Brás a la cabeza jalaba un número considerable de soberanistas. Hasta que le dio con entrar a las urnas. De “esa decisión” salió del anonimato la Liga Socialista con Don Juan Antonio Corretjer Montes quien había comenzado el liderazgo de esa organización en 1962. El Partido Nacionalista todavía tenía un número respetable y su mayor atracción era durante las conmemoraciones de El Grito de Lares. En ese tiempo nació el Movimiento Socialista de Trabajadores, por ahí siguieron saliendo numerosos grupos, tanto en Puerto Rico como en Estados Unidos. Parte de la culminación intachable del movimiento surgió a consecuencia de los asesinatos en el Cerro Maravilla. Lo curioso es que también había un llamado de unidad por diferentes partidos, grupos, asociaciones que pedían la independencia para Puerto Rico. Todo este proceso de  grito de unidad duró hasta principios del siglo XX. 

Durante los setenta, a pesar de toda la incertidumbre ideológica de los independentistas, surgieron innumerables artistas y agrupaciones que mantenían vivo al movimiento como Antonio Cabán Vale, Danny Rivera, Lucecita Benítez, Haciendo Punto en Otro Son, Roy Brown y Noel Hernández. En Nueva York se abrieron clubes en los que se organizaban infinitas actividades políticas y culturales, el más famoso era el Nuyorican Poets Café, dirigido por el profesor Miguel Algarín, Miguel Piñero, Bimbo Rivas y Lucky Cienfuegos. Allí hicieron gala de sus dotes peculiares Pedro Pietri, Sandra María Esteves, Piri Thomas y el poeta internacional Amiri Baraka. Un personaje interesante de esa década fue Filiberto Ojeda Ríos, comandante de Los Macheteros, fue músico de la Sonora Ponceña y abandonó la trompeta por el fusil. Permaneció clandestino entre 1970 y 1985. Agentes federales lo atraparon a finales del ochenta. En 1990 lo dejan libre bajo fianza con supervisión electrónica. En 1993 se quitó el grillete electrónico, lo deja en la oficina del FBI y escapa. Quince años después, el 23 de septiembre de 2005, lo localizan en una casa en Hormigueros. Convence a su esposa de que se entregue. Él se queda y se entra a tiros con más de 50 uniformados, lo hieren, lo dejan desangrar y muere. Ese mismo día, durante El Grito de Lares, leen su último comunicado haciendo un llamado de unidad a los independentistas.

Lamentablemente, curioso de más es apuntar el hecho de que precisamente fue el Partido Independentista Puertorriqueño (PIP) el grupo que más marcó trinchera entre los movimientos soberanistas y los que reclamaban unidad. Los que hemos seguido el movimiento libertador por décadas y hemos estudiado y debatido el colonialismo, vemos al PIP como un partido político de élite, de confort. Sin desintegrar ni menospreciar su postura entendiendo que cada organización tiene su propia filosofía y estrategia. No obstante, esa no debería ser la vara que mide su impacto político, pero que sí percudió la desunión en específico durante las conmemoraciones de El Grito de Lares. Se desunió de todas las entidades preparando sus propias actividades en tarimas distintas. ¿Por qué lo hicieron? Posiblemente, porque no querían identificarse como un partido que creía en “la violencia”, en otras palabras en la “lucha armada” como “identificaban” a los nacionalistas y al FALN, quizá porque su postulado era mantener un estado capitalista no como los socialistas o la Liga Socialista; pudo ser porque en aquel tiempo alcanzaron su máximo 5% del electorado y pretendían ser los líderes indiscutibles del movimiento libertador y sólo bajo sus condiciones todos los demás debían seguirlos. Nadie sabe con certeza. Todos los movimientos y partidos funcionan de acuerdo a un tiempo determinado. Hoy el PIP, todavía con Rubén Berríos, vuelve al frente y pide unidad para boicotear el llamado plebiscito, sin junto a él aquellos del setenta. Pero la historia en toda lucha libertaria siempre toca a la puerta en tiempo de definición. 

Definitivamente, no debe existir nadie ni mucho menos ningún independentista puertorriqueño que entienda que PR es una colonia y que el estatus actual es una “ponedora de huevos de oro” que promueve la corrupción y el pillaje, la demagogia y la mentira, el despotismos y la avaricia; y que la Junta Fiscal son los cabros que velan la hierba en nuestra finca, pero cierto es también que los que se unieron al PNP para forjar una emboscada al puertorriqueño común en las urnas cometieron un grave error táctico e imprudente.

La verdad debe ser desenmascarar a los verdaderos culpables de la crisis moral, ética, política y económica de Puerto Rico y los únicos culpables son los que gobernaron a PR por más de 65 años. Que el PIP se encadene a la demagogia politiquera llamando a un boicot es un aleteo partidista. El único llamado que los independentistas y los populares deben hacer en este momento histórico es un plebiscito para que el pueblo decida si quiere que Puerto Rico sea un estado de Estados Unidos de Norte América o no. 

Estadidad: ¿Sí o No? Si gana el sí. No hay nada más. Si gana el no, se continúa con lo próximo. Una Asamblea Constituyente para una consulta: ¿Libre Asociación o Independencia?

Este plebiscito del PNP todavía está manchado con despotismo. Nada va a lograr y todas las demás consultas por venir serán una manigueta a la noria.

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