Jorge Colberg Toro

Punto de vista

Por Jorge Colberg Toro
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El PNP: verdugo de la estadidad

El título de esta columna no es una equivocación. Se trata de la historia de un partido político que en su origen dejó huellas importantes, pero hoy vive sumido en una inexplicable contradicción de querer vivir la vida americana, siendo lo más antiamericano posible.

El fundador del Partido Nuevo Progresista, Luis A. Ferré, ocupa un merecido espacio de reconocimiento en nuestra historia, porque fue quien rompió el poder monolítico del Partido Popular Democrático, abriendo una era de alternancia gubernamental que fortaleció nuestra democracia. 

Su triunfo en el 1968, lo ganó en buena lid, a voto limpio, sin trucos ni trampas, compitiendo gallardamente y enfrentándose a sus adversarios con argumentos e ideas.

Lamentablemente, de un tiempo para acá, el liderato del PNP actúa con total desapego y menosprecio al legado de Ferré. Ese partido - que en el pasado abrió puertas en la democracia - hoy saca opciones de la papeleta y usa su poder para usurpar elecciones. 

La trayectoria reciente así lo demuestra. Ahora regresan a la desprestigiada estrategia de querer imponer la estadidad, sin tener los votos. Convocan a sus electores a una nueva consulta de estadidad sí o no, después que fracasaron estrepitosamente con todo el poder del gobierno; y mientras se regodeaban de tener siete fantasmas que dicen ser congresistas.

En su nuevo intento, volvieron a sacar al Estado Libre Asociado de la papeleta, violentando el Informe de la Casa Blanca y obviando la norma federal, que condiciona los fondos y la validez, a un proceso de consulta con diversas opciones.

Pero no conformes con eso, los muchachos de Tommy y Johnny le “impusieron” al Secretario de Justicia de los Estados Unidos – sí, a la mano derecha de Trump - un término sin prórroga hasta el 30 de junio, para que les avale su consulta y les asigne los fondos federales.

De lo contrario - advierten los arrojados e intrépidos legisladores – se incautarán de los fondos locales.

Pero aún hay más, los representantes del sueño americano eliminan en la ley los límites de gastos, llevan directo al Tribunal Supremo cualquier impugnación que paralice el proceso y obligan a los partidos opositores de la estadidad, a certificarse bajo el concepto de “alianza o coalición” un evidente intento, de revivir el viejo truco de la independencia por la cocina. 

Para cerrar con broche de oro, los monarcas del anexionismo dicen que este proceso será igual al de Alaska y Hawái; pero olvidan que ambas jurisdicciones tuvieron que convertirse primero en territorios incorporados y fueron obligados a esperar 47 y 59 años, respectivamente, por su petición de estadidad. En esa larga espera, tuvieron que pagar contribuciones federales sin representación congresional y tuvieron que conseguir más del 83% de los votos. 

Y así, entre trucos y zancadillas, el PNP se apresta a llevarnos a las urnas para enfrentar la estadidad. Para ellos, será el último camino imaginario a la isla de la fantasía. Mientras, para el resto será una extraordinaria oportunidad de poner a la estadidad ante la guillotina electoral. 

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