Robinson Rodríguez Pérez

Tribuna Invitada

Por Robinson Rodríguez Pérez
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El poder de la resiliencia comunitaria

 Luego del embate del huracán María, si algo nos ha quedado claro es que Puerto Rico no estaba preparado para el manejo de desastres.  María, representó lo que conocemos como una amenaza natural.  Una amenaza natural es el peligro que constituye un fenómeno atmosférico/telúrico de gran magnitud a la seguridad humana.  Mientras que un desastre natural es la serie de dificultades y daños que experimenta el ser humano ante una amenaza natural.  Por lo tanto, muchos argumentamos que las amenazas naturales son el resultado de procesos propios del mundo físico, mientras que los desastres son en gran medida de creación humana al no respetar los procesos naturales planetarios (e.g., construir en áreas inundables, no dar mantenimiento a la infraestructura eléctrica).

Es precisamente la capacidad de poder sobreponernos a la adversidad lo que está hoy día en la discusión pública.  Por primera vez en Puerto Rico el concepto resiliencia está siendo utilizado más allá de los círculos académicos o sesiones de terapia psicológica.  En términos psicológicos, resiliencia es “el proceso de poder adaptarse adecuadamente ante la adversidad, trauma, tragedia, amenazas o fuentes significativas de estrés.”  Sin embargo, aunque la resiliencia personal es un componente de la inteligencia emocional que no debemos descuidar, como comunidad, toda nación debe organizarse y trabajar para la resiliencia comunitaria.  La Estrategia Internacional para la Reducción de Desastres de la Organización de Naciones Unidas ha definido la resiliencia comunitaria como:

…la habilidad de un sistema, comunidad, o sociedad expuesta a amenazas; de poder resistir, absorber, acomodar y recuperarse de los efectos de una amenaza de forma rápida y eficiente incluyendo la preservación y restauración de sus estructuras básicas esenciales, así como las funciones que estas desempeñan.

Dos meses después del huracán María aún existen miles de familias sin agua potable, más del 50% de la población está sin servicio de luz, las redes de comunicación se encuentran operando de forma errática, las carreteras se encuentran en condiciones precarias, decenas de comunidades están aisladas, y nos encontramos de luto por un número impreciso de personas fallecidas a causa del ciclón y las condiciones imperantes luego de su paso.  Ante este escenario responsablemente debemos hacernos la pregunta: ¿Cuán resilientes hemos sido como nación?

En términos de supervivencia y tenacidad la respuesta es claramente sí.  La labor titánica de nuestro personal médico, rescate, seguridad, de la AEE y la AAA, así como las brigadas de ciudadanos que junto a sus líderes comunitarios se organizaron espontáneamente para enfrentar las vicisitudes que nos dejó María, y juntos comenzar a restaurar el país que es nuestro hogar; es el mejor ejemplo de esto.  Pecaríamos de ingratos si no incluyéramos a la diáspora puertorriqueña que no titubeó en acudir a apoyar con miles de toneladas de artículos de primera necesidad a sus hermanos en condición de vulnerabilidad, y a la ayuda internacional que ha llegado de las diferentes jurisdicciones de los Estados Unidos y otros países hermanos.

Ahora, la resiliencia comunitaria tiene que ver con reconocer que nuestra gente es nuestro mejor recurso y que el esfuerzo que dediquemos a conocernos, organizarnos y establecer una agenda de trabajo colaborativo siempre será nuestra carta de triunfo ante la adversidad.  El Instituto Nacional de Estándares y Tecnología (NIST por sus siglas en inglés) ha establecido una serie de pasos en el Proceso de Construir Resiliencia Comunitaria que adaptamos a los siguientes:

Establecer equipo de trabajo colaborativo:

Para lograr esto es necesario comenzar con el proceso de identificar el liderato comunitario existente y otras personas interesadas en trabajar por su comunidad.

Estado de situación:

Hacer un acervo de instituciones comunitarias y gubernamentales; Identificar recursos naturales e infraestructura disponibles.

Establecer plan estratégico:

Identificar las amenazas comunitarias, establecer metas y objetivos que sean realizables; delinear estrategia de evaluación a todo nivel.

Desarrollo y revisión del plan de acción:

Identificar soluciones deseadas; delinear estrategia de implementación; identificar errores.

Implementar y mantener el plan de acción:

Ejecutar las acciones acordadas; evaluar procesos/resultados; modificar estrategia según sea necesario.

Como es evidente, construir resiliencia comunitaria es un proceso que toma tiempo, requiere el compromiso de los miembros de la comunidad y es preferible realizarlo en tiempos donde no exista una emergencia.  El Recinto de Mayagüez de la Universidad de Puerto Rico, por medio del Instituto Universitario para el Desarrollo de las Comunidades (IUDC) y el Programa de Desarrollo de los Recursos de la Comunidad (DRC) del Servicio de Extensión Agrícola, trabaja arduamente en el proceso de organización comunitaria para construir comunidades resilientes.  Nuestros docentes/DRC con experiencia en educación no-formal, así como el estudiantado y profesorado adscrito al IUDC por medio de sus iniciativas de aprendizaje/servicio, están presentes en todo el archipiélago puertorriqueño colaborando junto a nuestros líderes comunitarios en las áreas de planificación estratégica, manejo de desastres, liderato/autogestión/organización comunitaria, seguridad alimentaria, evaluación de infraestructura agrícola/vial/pluvial y otra infraestructura comunitaria, así como en el área de salud comunitaria, prevención de epidemias y desarrollo de jóvenes.

¡Aprovechemos la oportunidad que nos ha brindado María para que juntos, la comunidad y la universidad, continuemos demostrando nuestra capacidad de enfrentar los retos más significativos que hemos enfrentado como pueblo, con entusiasmo, compromiso y gallardía!

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