Rafael Cáncel Vázquez

Tribuna Invitada

Por Rafael Cáncel Vázquez
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El poder de nuestra salsa

Puerto Rico produce a diario algo mágico y sabroso, un tesoro que enriquece al mundo, una herramienta capaz de lograr en segundos lo que a muchos le tomaría años: nuestra salsa.

Desde que tomé mi primera clase de baile hace casi 20 años, y luego de más de 35,000 estudiantes de salsa, he visto cómo este género caribeño es capaz de romper barreras sociales y transformar vidas. ¿Piensas que exagero? Cuéntame cómo logras que realmente se integren el rico y el pobre, el sordo y el oyente, el ciego, el negro, blanco, el VIH+, el de barrio y urbanización, el de silla de ruedas y el que camina, el ex convicto, el religioso y el ateo, el joven y el anciano, y hasta el corrupto y el íntegro. ¿Cómo lo logras? ¿Dando charlas de no al discrimen? ¿Creando campañas educativas sobre la integración social y la importancia de respetar nuestras diferencias?

Ciertamente esas estrategias educativas son imprescindibles, pero para lograr romper barreras sociales y estereotipos de los que todos padecemos, hace falta mucho más que una campaña educativa. Debemos crear experiencias realmente transformadoras que nos integren, y en Puerto Rico producimos una de las medicinas de más alta calidad para lograr esa transformación social. ¿La salsa? Pues sí.  Lo creo, lo afirmo y lo veo a diario.

¿Pero cómo? Primero debemos reconocer que el arte posee una manera mágica de llegar donde otras herramientas no pueden. Sea una canción, un baile, un poema, una pintura, una pieza teatral o un cuento, el arte es capaz de traer lo imposible a la realidad. He visto miles de casos que sustentan este argumento. Te comparto un ejemplo de un estereotipo que la salsa derrumba en minutos: el VIH.

Crecimos y vivimos en una sociedad de discrimen contra las personas VIH+. Probablemente a ti, igual que a mí antes, por desconocimiento, te aterraría simplemente estar en un salón con 50 personas VIH+. ¿Y darles la mano, un abrazo, un beso en el cachete? ¡Rafa estás loco! ¡Se me pega y me muero! Pues imagina que en ese salón recibes información sobre el virus; muy bien, el conocimiento es crucial para erradicar el discrimen. Pero luego de la charla recibirás una clase de salsa con ellos, y que tendrán que tocarse, saludarse con un beso en el cachete, y que al bailar ellos y tú sudarán (por si acaso, nada de eso se transmite el virus). Esa misma experiencia la viví con varios de mis estudiantes. Una vez empezamos a bailar, sonreír, cantar y aplaudir con salsa, algo mágico ocurrió en nuestras mentes. Sin apenas pensarlo, la experiencia que nos regaló el baile de salsa nos unió, nos iba reprogramando, nos abría la mente y nos motivó a conocer más a fondo a estos boricuas que son iguales que nosotros. Lo vi y lo viví personalmente. Para los que allí estuvimos el estereotipo se derrumbó.

A veces no sabemos cómo acercarnos al que tememos por nuestras barreras sociales. Simplemente dile, ¿quieres bailar salsa?...y verás.

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