Ramon L. Nieves

Tribuna Invitada

Por Ramon L. Nieves
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El PPD agoniza

El Partido Popular Democrático (PPD) fue fundado en 1938 por Luis Muñoz Marín y un grupo de visionarios. Su razón de ser, la lucha contra la pobreza y la desigualdad. “Pan, Tierra y Libertad”, su credo. La honradez en el servicio público, su carta de presentación.

El PPD no se fundó como “partido de status”. Luego, en la posguerra, Muñoz Marín logró que Estados Unidos autorizara fundar al Estado Libre Asociado (ELA). 

La gestión del PPD transformó a Puerto Rico. El PPD fue exitoso por su apego a una visión programática, y al trabajo en equipo.

Si los fundadores del PPD estuvieran vivos, se escandalizarían por lo que queda de la institución. 

El PPD de hoy no responde a una agenda de ideas para Puerto Rico. Si una persona acude al comité central del partido, o a su página web, no encontrará  orientación clara sobre sus ideas y visión de mundo.

Viví las dificultades de servir como legislador en un partido sin apego a un programa. Temprano en 2013, asumí el liderato para abolir el discrimen contra la comunidad LGBTT. A pesar de tratarse de una promesa programática, un grupo de legisladores del PPD la combatió. Un alcalde PPD hasta facilitó guaguas municipales para apoyar las protestas contra ese proyecto.

Igual ocurrió con la reforma energética. La Autoridad de Energía Eléctrica cayéndose en cantos, pero algunos legisladores se oponían a transformarla. Estas señales confusas impidieron reclamar como éxito los avances logrados en dichos temas. 

La defensa del ELA unió a los populares durante décadas. Sin embargo, la creciente marca del colonialismo resquebrajó ese consenso. Hoy, una tercera parte de los populares defiende a un ELA con mayor autonomía, otra tercera parte defendemos la soberanía asociada, y al resto ni les va ni les viene. Al aprobarse PROMESA, Estados Unidos destruyó la poca capacidad de gobierno propio que teníamos bajo el ELA. 

El PPD no tiene propuestas ni status que defender. La institución se convirtió en un grupo de gente cuyo único propósito es ganar elecciones. 

Las condiciones actuales del PPD facilitaron que se le arrimaran buscones y delincuentes. En noviembre de 2012, mientras algunos planificábamos implantar una agenda de ideas, otros planificaban robar fondos públicos. Muchos más han utilizado al PPD para lograr empleos o contratos.

El PPD agoniza. A casi ochenta años de su fundación, resulta obligado reconocer esa realidad. El partido se lo debe a sus miles de seguidores, líderes y funcionarios de barrio.

De no ocurrir una transformación radical en el PPD, llegará el momento de adoptar lo que, según testimonios de la época, Muñoz Marín les repitió a interlocutores en sus últimos años de vida: “si tuviera veinte años menos, los acompañaría en la creación de un nuevo partido”.

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