Eudaldo Báez Galib

Tribuna invitada

Por Eudaldo Báez Galib
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El PPD despidió a su conciencia

El plebiscito es posiblemente la última oportunidad del Partido Popular Democrático para recuperar su conciencia. Es no acudiendo a ese viciado evento electoral y sustituyéndolo con un acto de valentía que repercuta aquí y en el Congreso. Sugiero convoque al país a una gran concentración el día de la consulta, coliderada con el independentismo, los no afiliados y la diáspora.

Con observadores de afuera, cobertura mediática de primera y que se produzca, en esa expresión masiva de honestidad electoral, un Manifiesto de Exigencias a Estados Unidos.

Los partidos políticos tienen conciencia. Pero solo cuando predomina el nominativo “nosotros” y no “yo”. Y cuando la esencia de su gestión es el mejoramiento de la sociedad y no la del partido. Decía el fundador del PPD que “No hay conciencia que tenga que ser mediocre”. Su partido no ha escuchado.

El PPD es la ceniza de un fuego que en el siglo pasado marcó la frontera entre antes y después. Ahora se entretiene, en debates sin sentido, dentro del estrechísimo espacio que separa al populismo de la demagogia. Esta última, trágicamente, presente en el discurso de algunos de sus líderes.

Hay que desmitificar algunas creencias. Una es que el problema del PPD es el asunto de status. No. Es cómo lo atiende. Pues cuando se utiliza para fabricar imágenes individuales con metas electorales, confunde parámetros y sustituye razonamiento por emoción. Dijo también su fundador que la controversia de status “Ha sido una emoción buscando argumentos, en vez de una realidad sintiéndose a sí misma, estudiándose, pensándose, entendiéndose”.

Además, para el PPD el autonomismo estadolibrista no se creó como un fin, pero lo convirtió en eso. Era herramienta de gobernanza que para ser útil tenía que ajustarse a los tiempos. Se permitió que ese ajuste lo controlara la oposición al PPD y dependiera de un costoso cabildeo al servicio de la políticastra washingtoniana. 

Ahora surge PROMESA. Aunque una desvergüenza en gobernabilidad, debe aprovecharse y verla como beneficio marginal, pues extrajo un clarísimo mensaje congresional: que allí se puede hacer lo que venga en gana, independiente de que exista o no un pacto, de que los tribunales hayan avalado o no una relación bilateral y que haya o no soberanía.

Hoy, el estadolibrismo anda en un taparrabo diseñado por el PPD. Puerto Rico ya ni colonia es. ¡Somos una finca, con 7 capataces y unos cuantos millones de arrimaos! Y me pregunto si ha sido solo el PPD que despidió a la conciencia.

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