Eudaldo Báez Galib

Punto de vista

Por Eudaldo Báez Galib
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El PPD y la gobernadora

     Hay consciencia de los problemas de la gobernadora cuando ocupaba la Secretaría de Justicia y del ambiente adverso, allí, a su liderato. Igualmente de que su cargo en La Fortaleza requiere experiencia política, que no tiene. Estos son los dos planteamientos adversos a su gobernación.

     Lo primero produce un debate que se inclina al salvoconducto, dado el pragmatismo forzado por las realidades, pues la licenciada Wanda Vázquez es gobernadora, y ya. Pero lo segundo es insustituible, máxime por razón de la impudicia que arropa nuestra vida pública.  Sin embargo, los que clamamos por un detente a la estampida de incoherencia político-gubernamental, estamos moralmente obligados a abrirle camino, aunque el libreto politicastro recomiende lo contrario, para que timonee el barco en esta tempestad.   

     Al PPD, y en la misma forma que la gobernadora vino al cargo por razones de destino, le cae la responsabilidad de asistir en la gobernanza. No por coalición de espíritus, sino por necesidad patriótica. “El destino guía a quien de grado le sigue; al díscolo lo arrastra”. 

     Independientemente que la Gobernadora sea abandonada a su suerte, como lo implica la reunión —cálculo político más errado en nuestra historia reciente— de líderes de su partido en el Capitolio para decapitarla, el PPD viene en la obligación de ser oposición gallarda. ¿Por qué algún temor nacido de nuestra política usual de confrontación para de las diferencias mezquinas lograr triunfos que en realidad son derrotas? ¿Miedo? “La cobardía es el miedo consentido y el valor es el miedo dominado”. 

     Aunque el PPD se ha extraviado en el bosque del “yoísmo”, e intenta girar contra una cuenta de inversión histórica, pero agotada, tiene que internalizar que su futuro es volver al “nosotros”, abrir cuenta nueva bajo los mismos principios y retornemos a ser un pueblo y no un reguero de gente.

     Tal vez suene cursi recordar la promesa singular que el PPD ofreció a Puerto Rico el día del primer triunfo electoral en 1940: “¡Ya más nunca nadie se atreverá a faltarle el respeto al pueblo de Puerto Rico!”. Pues bien, comencemos por ahí. 

     No significa que se despreocupe el PPD del síndrome de la “carta en la manga” que ha desplegado el partido de mayoría, ni que avale implícitamente los principios ideológicos  del penepeísmo. Pero de crearse un vacío de autoridad gubernamental en el Ejecutivo por gracia del Legislativo, la corrección del daño corresponde al popularismo, pues de “jaldas” el PPD conoce…y, por supuesto, también de “colmillús”. 

          

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