Julio López Varona

Desde la diáspora

Por Julio López Varona
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El premio de la diáspora boricua

El gobernador de Puerto Rico, Ricardo Rosselló Nevares, anunció recientemente una iniciativa denominada PODER, que tendría como propósito organizar a la diáspora puertorriqueña para desarrollar el poder político necesario para luchar contra las políticas abusivas y racistas de la administración de Trump.

El argumento se basa en el hecho que, con casi 6 millones de puertorriqueños viviendo en Estados Unidos, y un millón concentrados en la Florida, el voto unido de este grupo de boricuas exiliados podría cambiar la composición política, no solo del Congreso sino también ser clave en seleccionar al próximo presidente o presidenta. Al alzar nuestras voces, los políticos no tendrán más remedio que prestar más atención a las necesidades del pueblo. Aquél que logre organizar la diáspora, tendrá también poder político en la isla. Ese es el premio.

Hace más de una década, ya tanto demócratas como republicanos miraban a la diáspora con deseo y cada cuatro años, campañas descienden al corredor 14 de la Florida, tocando puertas y vendiendo el sueño americano.

El premio electoral de la diáspora es uno grande, pero históricamente complicado. Recordemos que la diáspora llega viniendo a los EE.UU. desde la invasión norteamericana en 1898 y han sido muchas las olas de puertorriqueños que han llegado, cada una con diferentes historias. En el noreste de Estados Unidos, muchos de los que llegaron lo hicieron con la promesa de trabajos en factorías en Nueva York, o campos de tabaco en Hartford, Connecticut. Estos grupos, diferentes a poblaciones más recientes, se han estado organizando por décadas, y tienen ideologías fuertes con un activismo de exaltación a la patria.

Más recientemente, los grupos que han emigrado han concentrado su relocalización al sur de los Estados Unidos. Unos, de estos grupos se definen por ser parte de una clase media baja que ha salido de la isla a lugares como Orlando y Kissimmee con una seguridad bastante clara de que no volverán. Por otro lado, una ola gigante de profesionales se mueve de la isla y se esparce por lugares como Texas, Carolina del Norte y otros lugares con la oportunidad de altos salarios, buenas escuelas y menos burocracia.

Así las cosas, la diáspora puertorriqueña no es una, son muchas. Mientras en lugares como New York algunos boricuas cantan el himno revolucionario en las manifestaciones, en Florida, caravanas se adornan con banderas americanas.

Es en este contexto es que varios grupos, y, particularmente, después del huracán María, han desembocado en Florida, New York, Connecticut, Pensilvania y New Jersey para organizar a la diáspora. Grupos como la Iniciativa Libre, promueven las ideologías del Partido Republicano de libre mercado, escuelas privadas chárter y registran para votar a familias boricuas mientras las ayudan a conectar con servicios públicos.

Por otro lado, otros grupos como la coalición VAMOS4PR, trabajan fuerte para crear poder político en coalición con grupos laborales para preservar salarios altos y luchar contra los ataques a los convenios colectivos. En Florida, la organización comunitaria Organize Florida ha sido vital en abogar y organizar familias desplazadas por el huracán María en las oficinas de Puerto Rico en dicho estado y ante FEMA.

En el noreste, grupos de poder inmigrante como Make the Road, afiliadas al Center for Popular Democracy, organizan a estas comunidades en Nueva York, Connecticut, Pensilvania y Nueva Jersey para crear un poder amplio en las minorías de esa parte de los EE.UU. Por otro lado, se han formado coaliciones nacionales como Power4Puerto Rico, que agrupan a muchos de estos grupos, incluyendo al Hispanic Federation, para cabildear por políticas públicas que tendrán un impacto directo en los puertorriqueños viviendo en la diáspora. La diáspora ha sido uno de los actores más importante en la restauración de la isla, con cientos de organizaciones boricuas colaborando con otras en la isla a través de fondos benéficos y proyectos. Uno de estos fondos es el Maria Fund, el cual ha recaudado más de $5 millones y que ha distribuido fondos a más de 15 organizaciones comunitarias o grupos solidarios dirigidas por puertorriqueños en la isla, incluyendo estudiantes y ciudadanos restaurando sus comunidades.

Muchos de estos grupos, de una forma u otra, apuestan a la promesa de una población puertorriqueña que históricamente sale a votar religiosamente. El riesgo de esta apuesta también es claro, el contexto político de Puerto Rico es diametralmente diferente al de EE.UU. Mientras en Puerto Rico el estatus matiza toda conversación y las políticas son secundarias, en Estados Unidos se habla de políticas progresistas o conservadoras.

Por eso, si bien es cierto que históricamente la diáspora ha favorecido las políticas demócratas, las nuevas poblaciones son más conservadoras, individualistas y empresariales, temas que se alinean más fuertemente con las políticas republicanas. Consecuentemente, la(s) diásporas puertorriqueñas son como una caja de pandora, impredecibles y difíciles de controlar o manipular.

Lo único que es claro en este momento es que el poder de una diáspora organizada es mucho y tiene la capacidad de cambiar el futuro político tanto de Estados Unidos como de Puerto Rico. Ese PODER le pertenece y lo ha desarrollado la diáspora por décadas. Al fin y al cabo, son las voces y las necesidades de nuestra gente las que deben ser escuchadas y respetadas. Nuestro futuro depende de esto.

El autor labora en el Centro Para la Democracia Popular, una red nacional de organizaciones comunitarias con presencia en sobre 30 estados y Puerto Rico. Está a cargo de campañas relacionadas con Puerto Rico y con esfuerzos de apoyo a migrantes boricuas.

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