Luis Alberto Ferré Rangel

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Por Luis Alberto Ferré Rangel
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El presente es de los jóvenes

El futuro de Puerto Rico está emergiendo. Y no necesariamente está en los planes económicos y fiscales que se dilucidan, aunque estos enmarcarán ese porvenir. El futuro de Puerto Rico emerge en más de 1.6 millones de habitantes que, según estimados de la Encuesta de la Comunidad de 2015, tenía para entonces menos de 35 años de edad.

De acuerdo a un estudio de la Pontificia Universidad Católica de Puerto Rico en el que participaron 600 personas de entre 14 a 30 años de edad, ese grupo poblacional –entre ellos padres, madres y hermanos de los más pequeños— pone gran peso a los valores en su vida diaria, le da mucha importancia a terminar sus estudios y a estar rodeados de personas de gran calidad humana. Y, aunque reconocen las dificultades que el País enfrenta y vislumbran un futuro social y económico poco alentador, tienden a percibir el trabajo y el estudio como los instrumentos que los llevarán a alcanzar sus metas personales y profesionales.

Es decir, son optimistas sobre sus posibilidades de progresar. Y la mejor parte es que se inclinan a quedarse en la Isla.

El estudio “La situación de los jóvenes en Puerto Rico: Un enfoque multidimensional”, realizado entre septiembre de 2015 y verano de 2016, indica que estos ciudadanos y ciudadanas más jóvenes perciben la iniciativa, la creatividad, la perseverancia y la responsabilidad como características personales que pueden ayudarlos a lograr sus metas. Perciben que la escuela y la universidad los preparan para desempeñarse adecuadamente en un empleo o profesión. Y reconocen que el desánimo y la desmotivación pueden ser obstáculos para avanzar.

No es de extrañar que tengan una percepción muy baja del Gobierno y de la política como instrumentos para mejorar la calidad de vida de los ciudadanos. Perciben a los políticos como personas que persiguen adelantar sus propios intereses. Y esa percepción negativa se extiende a la banca y el comercio. Más aun, opinan que el sistema económico de la Isla es injusto.

Por otro lado, identifican que la sociedad en general y los medios en particular no los representan siempre de forma positiva. Por el contrario, perciben que se les evalúa desde una perspectiva negativa, estereotipada y hasta discriminante. Pero no se victimizan; saben que para cambiar esta visión tienen que lograr que la sociedad los escuche mejor. De hecho, ya comienzan a hacerlo.

Los investigadores recomiendan a los organismos políticos y sociales del País que incluyan estas voces en los procesos decisorios. Y eso comienza a verse cuando el gobierno está dirigido en buena parte por profesionales jóvenes que tienen el reto de abrir espacios a las voces de su generación en la búsqueda de soluciones al cuadro social y económico actual.

Este grupo poblacional, conocido como la generación del milenio, también ha creado espacios para hacerse escuchar y para impulsar los cambios a su realidad, también matizada por altos niveles de pobreza y violencia. Así han nacido proyectos como el Observatorio Ciudadano de Jóvenes #SOMOSelAHORA, Mentes Puertorriqueñas en Acción, Ciencia Puerto Rico, el Instituto de Desarrollo de la Juventud y Abre Puerto Rico, entre otros más, desde los cuales se apoderan y apoderan a los más jóvenes mientras contribuyen a reenfocar la perspectiva que la sociedad tenga de ellos.

Dado al asomo que tenemos hoy, tanto a nivel de Puerto Rico como a nivel mundial, es natural que el horizonte que vislumbran es oscuro. Pero ante eso, ellos van a ellos y ese es un motor que al resto del País nos toca potenciar.

Son transformadores en progreso y debemos asegurarnos de que alcancen su máximo potencial. Sobre todo, nos toca trabajar junto a ellos en pos de que conviertan ese afán por conseguir su desarrollo individual en oportunidad para mejorar el futuro colectivo; para que emerja por fin un Puerto Rico próspero y solidario.

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