Joel Pizá Batiz

Tribuna Invitada

Por Joel Pizá Batiz
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¿El presidente puede perdonarse a sí mismo?

El presidente Bill Clinton le concedió el perdón presidencial a su hermano Roger. El presidente Richard Nixon le concedió al líder sindical Jimmy Hoffa un perdón presidencial condicionado en 1971. El presidente Gerald Ford le concedió el perdón a Nixon en medio del escándalo de Watergate y el presidente Jimmy Carter lo concedió el perdón a varias personas que se habían rehusado a luchar en la guerra de Vietnam. Parece ser un tipo de “get out of the jail free card” en medio de un juego de monopolio luego de una mala tirada de dados en el tablón…o en la vida.

El perdón presidencial, consagrado en la Sección 2 del Artículo II de la Constitución de Estados Unidos, ha sido visto con recelo desde la redacción de la Constitución en 1787.  Roger Sherman propuso que el perdón presidencial estuviera sujeto a la aprobación del Senado, pero su enmienda fue derrotada. A Mason y Randolph siempre les preocupó que el presidente pudiera perdonar el delito de traición, ya que el presidente mismo podría provocar dichos actos a través de terceros y luego perdonarlos.  

Para 1787, diez estados denominaban a sus jefes ejecutivos “gobernadores” y tres lo llamaban “presidente”.  Los presidentes de Delaware y New Hampshire, juntos con el gobernador de Massachusetts, podían perdonar crímenes con el consentimiento del Consejo Estatal.  Es curiosos que los estados le otorgaran al presidente de los Estados Unidos dicho poder. Aquí algunas razones:

(1) Seguridad Nacional: Alexander Hamilton escribió en el Federalista 79 que el presidente podría perdonar a cambio de que no lastimaran vidas inocentes en situaciones de revueltas. El presidente George Washington utilizó el perdón presidencial en la rebelión del Whisky en 1791.

(2) Separación de Poderes: El perdón presidencial también es visto como una herramienta para balancear el poder de la Rama Legislativa. Si el Congreso penaliza una conducta y el presidente no está de acuerdo, este puede perdonarla.

El rey de Inglaterra no tenía limitaciones a la hora de perdonar pero el presidente sí: 

(1) no puede utilizar el perdón para eludir procedimientos de residenciamiento.

(2) no puede perdonar delitos estatales.

El Tribunal Supremo de Estados Unidos ha dirimido pleitos relacionados con el perdón presidencial. Pero la mayoría han sido casos en los que el Congreso ha tratado de amainar el perdón presidencial. El Congreso no puede castigar a una persona por un delito por el cual fue previamente perdonado (Ex parte Garland, 71 U.S. 333 (1866). Y es inconstitucional que el Congreso mine el poder del presidente de emitir perdones presidenciales (United States v. Klein, 80 U.S. 128 (1871).

Luego de analizar las razones históricas por las que se incorporó el perdón presidencial y, si realizamos un análisis estructural de la Constitución, creo que se podría colegir que el perdón presidencial no fue delegado para ser usado por el mismo presidente con el objetivo de encubrir actos ilegales. No obstante, es una controversia no resulta por el Tribunal Supremo y en la que grandes juristas difieren.  

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