Betito Márquez

Tribuna Invitada

Por Betito Márquez
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El primer paso: la renuncia de Rosselló

Demos un paso por Puerto Rico

Ante un procedimiento de quiebra, una recuperación de un huracán categoría 5, acusaciones criminales de corrupción y un inmoral chat de funcionarios gubernamentales, es sorprendente que todavía se asuman posturas pensando en las próximas elecciones. Compañeros y compañeras del liderato político: hace tiempo que ese criterio debió pasar al último lugar en nuestra lista de prioridades.  

La pregunta en estos momentos no es si el gobernador es o no viable políticamente en el 2020. Eso se cae de la mata, como dicen en mi barrio. La pregunta es si el país se puede recuperar fiscal, económica y socialmente si quienes lo lideramos no tenemos un compromiso claro y profundo con el interés público.

La pregunta es si el país debe confiar en quienes vulneraron, mensaje tras mensaje, silencio tras silencio, la dignidad de mujeres, ciudadanos, periodistas y figuras públicas que, tengan o no los mismos ideales, quieren y padecen por Puerto Rico. La pregunta es si quienes deshonraron incluso a nuestras víctimas de María tienen la fibra moral para liderarnos y representarnos.

Ciertamente, se reconoce el espacio en el plano personal y familiar para el perdón y la redención humana. Todos hemos cometido errores y en un corazón genuinamente arrepentido siempre hay lugar para examinarse y crecer.

Pero no puede invocarse ese espacio personal para minimizar las consecuencias públicas de estas actuaciones en una democracia. Estaríamos abocando al país a un tranque indeterminado ya que, en un ambiente de tanta desconfianza, es imposible implementar los proyectos, medidas y políticas públicas multipartitas que el país necesita.

Para encaminar la ruta hacia la recuperación moral y socioeconómica del país, el gobernador tiene que dar el primer paso: renunciar. Pero luego de eso, todo el liderato político y cívico tiene que dar un segundo paso: la unidad de propósito. 

No resolvemos nada si la renuncia del gobernador solo se convierte en una agenda momentánea. 

Tiene que traducirse en una agenda común para reorganizar nuestras instituciones públicas y sus instancias fiscalizadores, de manera que el pueblo pueda volver a confiar en nosotros. 

Tiene que traducirse en una disponibilidad real para colaborar con aquellas agencias y oficinas que han dado la buena batalla como parte de esta administración y cuyas valiosas gestiones merecen continuidad y colaboración.

Tiene que convertirse en una agenda común para deliberar y acordar los planes multisectoriales a nivel fiscal y económico urgentes para un Puerto Rico viable y sostenible.  

Y tiene, además, que convertirse en una movilización democratizadora y participativa en nuestras comunidades para que la ciudadanía asuma cada vez más las riendas de su futuro.

No es momento de cálculos ni estrategias electoreras: es momento de dar un paso por el país.

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