Raúl A. Pérez Rivera

Tribuna Invitada

Por Raúl A. Pérez Rivera
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El problema con los desechos de la quema de carbón

Ha causado gran revuelo un grupo de ciudadanos que se oponen a la disposición de los desechos producido por la planta Applied Energy System (AES por sus siglas) de Guayama. Estos se oponen a la disposición del llamado residual de la combustión de carbón (RCC), compactado (llamado Agremax) en los vertederos de Humacao y Peñuelas.

Los dueños de la generatriz y sus asesores, predican que los desperdicios no son peligrosos, que son equivalentes a “arena” y a tales efectos se permite su uso como agregados para producir cemento y asfalto.  De igual manera la Junta de Calidad Ambiental y la Agencia de Protección Ambiental (EPA por sus siglas en inglés) no los consideran desperdicios peligrosos. Inclusive lo consideran adecuado para la construcción de bloques y el tipo de panel llamado “gypsum board”. 

Por su parte los opositores indican que dichos remanentes contienen particulado que afecta los pulmones, producen daño a los riñones y su exposición por largos periodos de tiempo ha sido asociada con cáncer.  Se sabe que los más afectados son los niños y los más viejos, que somos los más numerosos en la Isla.

El carbón mineral tiene trazos de elementos tóxicos como arsénico y otros radiactivos como uranio y torio. Cuando se quema el carbón estos componentes, al igual que otros, se concentran. En un estudio reciente se encontró que la cantidad de radioactividad en los residuos de la quema de carbón era de 3 a 10 veces mayor de lo que se encuentra en el mineral, antes de quemarlo.

Se estima, entonces, que aquellas personas que vivan una milla a la redonda de una planta que produzca RCC, se exponen a una radiación de unos 18 milirems/año. Pero, esto es mucho menor que los 60 milirems a los cuales se expone una persona cuando le toman una placa de rayos X a nivel abdominal. Cabe señalarse que anualmente nos exponemos a un promedio de 620 milirem, del montón de fuentes que producen radiación, incluyendo a algunos de los alimentos que consumimos. Pero, hasta ahora no hay evidencia científica que indique que dicha cantidad cause problemas a los humanos. Esta es la razón por la cual las agencias de protección ambiental consideran los residuos de RCC como de bajo nivel de radioactividad y peligrosidad.

Sin embargo, hay otros contaminantes en los residuos de RCC, que son más preocupantes.  En un estudio que realizaron científicos de la Universidad de Vanderbilt, del lixiviado de la AES en Guayama, se encontraron concentraciones peligrosas de arsénico, que es sumamente toxico para los humanos. También metales pesados como plomo y talio, en concentraciones mucho mayor que la permitida en agua que se considere adecuada para uso doméstico. Esto quiere decir que las aguas de escorrentía pueden llevar al subsuelo, los componentes que hay en el llamado RCC y contaminar depósitos de agua o acuíferos que pudieran tener un papel vital para nuestro pueblo en el futuro.

A tales efectos, es más peligroso dejar expuestos el RCC al efecto del viento y de la lluvia, que depositar los mismos, en forma de Agremax, en un vertedero moderno y adecuado para recibir dichos residuos como el de Peñuelas.

Sin lugar a dudas, el mejor remedio para todo este problema, es sacar dichos desperdicios de Puerto Rico. Cabe señalarse que a esto se comprometió AES, cuando solicito los permisos para establecerse en nuestra Isla. Desafortunadamente, la empresa confrontó problemas para cumplir con lo estipulado y el acuerdo original se enmendó para que la empresa pudiera disponer del RCC en Puerto Rico. Así, que a última instancia los que tienen la culpa de todo el problema fueron las agencias gubernamentales que se comprometieron con el nuevo acuerdo. Más aun, una ley recientemente aprobada, fue hecha a la medida para que la AES pueda depositar el llamado Agremax, tanto en el vertedero de Peñuelas como en el de Humacao. Así, que a menos que la EPA cambie su reglamentación y acepte que estos residuos son más peligrosos que lo creído hasta el momento, la ley permitirá que se sigan depositando los agregados de RCC en lugares como Peñuelas.

En conclusión, el problema no tiene una solución inmediata y los que crean que se va a enmendar la ley para prohibir el depósito de dichas cenizas en Puerto Rico, está soñando con pajaritos preñados. Dicho sea de paso, ya se le está buscando uso a los RCC en la Isla.  Sin embargo, esto no debe ser impedimento para que el gobierno comience a negociar con la AES para que cubra el RCC producido a modo de reducir la dispersión de este por el viento y que la lluvia lo convierta en un lixiviado que contamine los acuíferos del área de Guayama. El gobierno también pudiera comenzar a negociar con la  AES, para que esta pueda, en un tiempo prudente, comenzar a sacar sus desechos fuera de la Isla.

Las plantas que queman carbón para producir energía eléctrica se consideran sucias y primitivas. China, que tiene una gran cantidad de carbón y una gran cantidad de estas plantas, está pensando en sustituirlas por plantas nucleares. Hasta que en Puerto Rico no se construyan plantas que produzcan energía de forma más eficiente, más eco-amigables y a un precio menor que la AES, usted puede estar seguro que dicha planta seguirá en funciones en Puerto Rico.

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