Orlando Parga

Tribuna Invitada

Por Orlando Parga
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El procónsul de Washington

El más infame recuerdo histórico lo dejó Poncio Pilatos en la vieja tradición imperialista de engullir territorios y pueblos para llenar sus cofres de oro y saciar el apetito por el poder de sus gobernantes. En 1898, tras angustioso debate interno, Washington renegó las raíces de sus 13 colonias liberadas del imperio inglés, asumiendo control colonialista sobre las posesiones de ultramar conquistadas de España en la Guerra Hispanoamericana. Ahí nos cambiaron los procónsules españoles por los americanos, escogidos en la metrópoli para gobernarnos.

El general Nelson A. Miles nos prometió a su arribo en Ponce las garantías constitucionales de la democracia estadounidense, pero la experiencia con las leyes orgánicas que aprobó el Congreso a lo largo de 121 años de historia compartida ha sido la privación de sus facultades más relevantes. Los procónsules que nos enviaron a gobernar desde 1898 a 1946, arribaron armados del poder de veto sobre nuestra gobernanza insular; y la Ley 600 de 1952, vino amarrada a la cláusula territorial en poder del Congreso y la autonomía manipulada desde la Casa Blanca por procónsules con títulos de monitor, directores de “task-force” o ayudantes presidenciales a cargo de los asuntos de Puerto Rico.

No es insulto nuevo que la Casa Blanca de Trump esté considerando nombrarnos otro procónsul para fiscalizar y disponer el manejo de fondos federales que corresponden a los ciudadanos americanos de Puerto Rico tras el desastre de María y que – de facto – ya los jefes de las agencias federales estén amarrándolos bajo el supuesto de que somos una jurisdicción de “alto riesgo”.

Por supuesto, los fondos federales por los desastres que sufrieron este y el pasado año los estados de Florida, Texas y California se asignaron sin cortapisa, no importa cuántos incidentes de mal manejo o corrupción puedan denunciarse en su gobernanza estatal. Habría que ver el jaleo que armarían sus delegaciones en el Congreso y sus respectivos gobernadores en cada estado, de ocurrírsele a la Administración Trump la osadía de intervenirlos. Atrévanse la Casa Blanca o el Administrador de FEMA decirle al gobierno estatal de Texas que los fondos federales de emergencia para una escuela inundada por el huracán Harvey en 2017, no pueden ahora emplearse para repararle condiciones preexistentes.

Que la Casa Blanca considere nombrar un agente interventor de las asignaciones federales a Puerto Rico por el desastre de María, es historia vieja; lo nuevo es la discriminación colonial cruda y cruel contra los ciudadanos americanos de nuestra isla que va más allá de un ejercicio de arrogancia imperial. Poncio Pilatos se lavó las manos… Trump se las ensucia.

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