Brenda Reyes Tomassini

Punto de vista

Por Brenda Reyes Tomassini
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El proyecto de un vertedero submarino

El Proyecto del Senado 1568, ante la consideración de la Comisión de Salud Ambiental y Recursos Naturales de ese cuerpo, propone convertir nuestros ecosistemas marinos en un gran vertedero bajo el agua con escombros de construcción  -diz que para restaurar arrecifes de coral- sin considerar el cumplimiento con leyes ambientales estatales y federales. Esto, al entender que nuestros vertederos y sistemas de relleno sanitario “tienen una vida útil limitada”. 

Este proyecto, según admite su autor, el senador William Villafañe,  surge tras una conversación que sostuvo con una persona que nada sabe de leyes ambientales y sin consultar con expertos en el tema.  En sus propias palabras, indica que esta solución se considera “si no se buscan opciones de reciclaje”.

De acuerdo con la reglamentación federal, el uso escombros de construcción y demoliciones (C&D) es una industria rentable y provee oportunidades de negocio a las empresas que se dediquen a reciclar dichos escombros para nueva construcción. ¿No valdría la pena entonces legislar para fomentar el establecimiento de dichas industrias con exenciones o incentivos? 

Parte del gran problema que tenemos en Puerto Rico con la disposición de materiales como gomas y residuos de construcción es que no se ha fomentado su uso beneficioso mediante el reciclaje.  No hemos podido cerrar el ciclo. 

Sin embargo, tenemos aceleradoras e incubadoras de negocios al igual que organizaciones que fomentan el desarrollo de estas empresas. ¿Por que no fomentar el desarrollo e investigación? El ejemplo clásico es el tramo de la carretera 10 que incorporó en sus materiales goma triturada. En Puerto Rico hay espacio para el desarrollo de estas industrias.

Es pertinente considerar que los arrecifes no se restauran de la nada. Se requiere peritaje específico, recursos tecnológicos y muchas pruebas para que el material que se instale sea cónsono con los resultados deseados u óptimos del ecosistema marino.  

Consecuentemente, un proyecto de ley enfocado en atender los riesgos e impactos a nuestros corales y/o desarrollar actividades enfocadas en la conservación hace mayor sentido que disponer de escombros (que no sabemos su composición). Esto sin pensar que hay otros hábitats asociados como manglares y praderas de yerbas marinas que se verían impactados por la disposición de estas estructuras.  

Para muestra con un botón basta. En Puerto Rico se ha dispuesto de material de dragado en áreas sensitivas ecológicamente-como la Ciénaga Las Cucharilla en Catano-y se ha alterado la hidrología del lugar y el ecosistema. El mejor ejemplo es la Laguna Secreta de la Ciénaga Las Cucharillas.  Allí habitaban muchos cangrejos violinistas que fueron desapareciendo y el salitral que existía fue destruido. Esto sin mencionar las inundaciones en la zona, que requieren de sistemas de bombeo hoy día.

El proyecto de ley tampoco asigna recursos monetarios para la reglamentación efectiva de la actividad propuesta.  La progresión histórica en Puerto Rico nos ha demostrado que los aportes presupuestarios a las agencias ambientales son cada vez menores. La soga siempre parte por lo más fino. Nuestros sistemas de relleno sanitario y vertederos lo reflejan.  Y es aquí donde radica lo verdaderamente peligroso y descabellado de la medida.


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