Edwin Mieles Richard

Punto de vista

Por Edwin Mieles Richard
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El pueblo asume rol protagónico

Cuando vemos la respuesta inmediata de la sociedad civil acudiendo al sur de Puerto Rico con toda clase de provisiones, apreciamos la realidad de su importancia y poder. Las redes sociales agilizan toda gestión, el pueblo trabaja arduamente, cubre las necesidades, mientras sus elegidos planifican y justifican la falta de provisiones y rápidas respuestas achacándole la culpa al gobierno federal. El gobierno federal los ha llamado corruptos una y otra vez. Ahora pretenden que le den millones de dólares para hacer campaña política y repartir las migajas al pueblo. 

No perciben que la mayoría del pueblo no les cree. Ellos mismos creen sus mentiras, no aprendieron la lección del verano 2019. No puede decirse que únicamente fue a través de la gestión de la administración municipal que se gestionó, de manera expedita, la ayuda a los necesitados tras el huracán María en el 2017 y menos para el “Sismo de los Reyes 2020” de hoy día. Muchos de los que han actuado a nombre del pueblo le han corrompido con su ejemplo. Han contribuido al deterioro de los altos valores que caracterizan al pueblo puertorriqueño. Se han aprovechado de su bondad, le han endeudado su presente y su futuro, y no dan señales de arrepentimiento, ni se adjudican responsabilidad alguna. Andan buscando pautas y exposición.

El pueblo, fuente de poder, asume rol protagónico en el sur de la isla creando ramificaciones alternas por donde circulan iniciativas comunales, individuales, no institucionales, no estatales u oficiales. Ante este escenario podemos decir que se pudieran estar dibujando los rasgos del comienzo del colapso de los partidos políticos tradicionales. Como maquinarias electorales dirigen toda clase de esfuerzos pensando que dentro de poco pueden ser elegidos nuevamente, que siempre habrá elecciones y hay que aprovechar la oportunidad. El pueblo les delegó poder, depositó la confianza en ellos, creyéndoles capaces de trabajar para el bien común y han creído que el estado es la sede del poder, el soberano. 

En la democracia participativa el soberano es el pueblo, y cuando sea necesario puede ejercitar su poder y remover de su cargo al político que sea. Debiera ser el pueblo quien exprese sus necesidades, y aquel que se comprometa a satisfacerlas será el elegido, sabiendo que si no cumple, no hay que esperar cuatro años, será removido de su cargo por mandato del pueblo

Los partidos políticos deben ser instrumentos de formación y capacitación ciudadana para que el pueblo se involucre en la solución de sus propios problemas. Las prioridades deben ser pronunciadas por los que las padecen. Si la necesidad es invertir en energía renovable, arreglo de carreteras, ahí será y no en otro lugar. Tal parece que no le quedan muchos días a la democracia representativa como la conocemos hoy día en todas sus formas; se ha venido debilitando. La democracia participativa ha mostrado su rostro nuevamente. Igual que lo hizo en María y en el verano del 2019, lo hace en el presente.  

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