María de Lourdes Guzmán

Tribuna Invitada

Por María de Lourdes Guzmán
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El pueblo frente al bipartidismo y la crisis

A poco más de un año de la aprobación de la mal llamada Ley PROMESA, el país comienza a sentir los estragos de esa legislación. Tal y como denunciamos muchos(as) de los(as) que creemos en la genuina descolonización de nuestro país, la Junta de Control Fiscal no venía a rescatarnos, ni a procesar corruptos ni a poner las cosas en orden. La Junta viene a cobrar de donde haya para pagarle a los especuladores que, aprovechándose de los cómplices que tenían en el gobierno de turno, nos endeudaron a niveles inmorales

Nuestro pueblo que, desde hace décadas, vive en niveles de pobreza que se ha estancado en un 46%, no ve la luz al fondo del túnel y enfrenta ahora un panorama más desolador. La falta de empleo es la orden del día y la falta de acceso a buenos servicios de salud y transportación publica, la pérdida de sus hogares, la merma de sus pensiones, el cierre de escuelas, son situaciones que abonan al empobrecimiento en la calidad de vida de nuestra gente. Esto ha provocado un alza en la criminalidad, que afecta nuestra seguridad y ha cobrado vidas de decenas de personas inocentes

Vivimos amenazados ante la posibilidad de que nuestros seres queridos, o cualquiera de nosotros, sean víctimas del crimen. El trasiego de drogas se ha convertido en una opción para muchos en las comunidades históricamente marginadas, al punto de haberse convertido en un modo natural de ganarse la vida y quizá, la mayor fuente de la economía subterránea. Mientras todo esto ocurre, los colonialistas divagan en la constante politiquería, eludiendo enfrentar el problema de fondo que nos avasalla y que, hoy más que nunca, necesita abordarse y resolverse: somos una burda colonia de los Estados Unidos que ha sido saqueada, ultrajada, explotada, exprimida, pisoteada y utilizada por el gobierno federal para su absoluto beneficio y el de los intereses que representan. 

El liderato estadista, que en el fondo se niega a reconocer que no se sienten puertorriqueños, que se avergüenzan de serlo y que aspiran a ser “americanos”, sigue con el discurso fantasioso y engañoso de la estadidad, capitalizando sobre la ignorancia de aquellos(as) que piensan que esa opción traerá la solución a todas nuestras desventuras. El liderato popular sigue sumido en la negación en cuanto a la implosión de su proyecto político y divagan en el espejismo del “desarrollo” del Estado Libre Asociado (ELA). Al negarse a enfrentar la realidad, ambos, Partido Nuevo Progresista (PNP) y el Partido Popular Democrático (PPD), se han convertido en enemigos de nuestro pueblo, traicionando sus genuinas aspiraciones a tener una vida digna y justa. 

La posible reducción de jornada laboral enfrenta a los empleados públicos a un futuro incierto, de mayor pobreza y desesperanza. Los ya menguados salarios de muchos(as) de estos(as) empleados(as), podrían ser reducidos en un 20%, lo que significaría la imposibilidad de sufragar las obligaciones económicas cotidianas. Muchos(as) optarán por considerar la emigración, que sigue despoblando nuestro país y privándonos de los recursos humanos que  son nuestro mayor activo. 

La alegada resistencia del gobierno a aceptar la reducción de jornada laboral es, simple y llanamente, un discurso para las gradas. Tanto el PNP como el PPD han allanado el terreno sobre el cual se ha construido nuestra desgracia. Ambos recibieron a la Junta con los brazos abiertos. Ambos han sido desleales al pueblo que dicen defender. 

El pueblo tiene que decidirse, de una vez y por todas, a desafiar a los responsables de nuestro infortunio. Solo la fuerza y la resistencia de un pueblo unido habrán de salvar a nuestro país. Es una responsabilidad que no podemos eludir. La indiferencia equivale a complicidad. En nuestros hombros recae luchar por construir el país que soñamos y que se merecen nuestros(as) hijos(as) y nietos(as).

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