Ricardo Martí Ruiz

Tribuna Invitada

Por Ricardo Martí Ruiz
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El Puerto más Rico posible

Hablemos de probabilidades. Primero, existe la probabilidad de que pienses que el porvenir de los puertorriqueños está fuera de nuestro control; y que no hay nada que podamos hacer para corregir nuestro destino. Esta probabilidad es muy alta.

Segundo, hay la probabilidad de que nunca hayas escuchado ni una sola palabra del fallecido activista cívico puertorriqueño, Enrique ‘Quique’ Martí Coll, a pesar de todo lo que hizo en su vida. Esta probabilidad es aún mayor, pero eso no debe de sorprender a nadie. Después de todo, han pasado 25 años desde su muerte. Y más significativo aún: en la mayoría de los casos, cuando Quique dejaba su huella lo hacía sin firmar su nombre.

Por eso, es altamente probable que, si eres de mi generación o mayor, conociste a Pellín y Pillín, le pitaste a la basura, consideraste a las drogas como el bobo de los bobos, contemplaste la posibilidad de traer las Olimpiadas a Puerto Rico y marchaste contra el crimen, todo sin saber de él.

Y por eso también, puede que a menudo te arrimes bajo la sombra de árboles que no estarían ahí; o que tengas mayor apreciación por el arte de la caligrafía de lo que sentirías; o que ahora respetes el movimiento independentista un poquito más que antes; pero que no sepas por qué.

Todas estas influencias que te menciono, y muchas más, fueron ejercidas por un puertorriqueño común y corriente, criado en la calle Loíza y graduado de la UPR, utilizando una simple, pero irresistible combinación de entusiasmo y perseverancia.

Con esa fórmula, durante más de dos décadas Enrique Martí Coll presidió la agencia de publicidad más próspera en el país, Martí Flores Prieto & Wachtell, la cual utilizó como plataforma para dirigir campañas cívicas dedicadas a batallar el crimen, erradicar el abuso de drogas y fomentar el ambientalismo.

También fue presidente de la Asociación de Agencias Publicitarias, de los síndicos de la Universidad del Sagrado Corazón, de la Asociación de Calígrafos de Puerto Rico, y del Fideicomiso para la Conservación (ahora conocido como Para la naturaleza). Además, fue un estrecho asesor para el Partido Independentista Puertorriqueño y miembro del Comité Olímpico de Puerto Rico.

Uno de sus mayores sueños lo era traer las Olimpiadas a la isla. Con ese fin, publicó un libro titulado ‘2004: Debemos o no debemos’, en donde sostuvo que Puerto Rico no solo era capaz de ser la sede para las Olimpiadas, sino que era imperativo que lo persiguiéramos ya que nos obligaría a mejorar nuestra sociedad de maneras que eran necesarias de todos modos. A través del manuscrito, incluyó una serie de recomendaciones de lo que debemos hacer. Entre ellas:

Producir nuevas ideas

Proteger los campos y playas

Fomentar las zonas peatonales

Estimular la arquitectura paisajista caribeña

Superar el complejo del ‘no podemos’

Planificar a largo plazo

Atender la criminalidad y las drogas

Erradicar la insensibilidad a la pobreza

Pensar más en calidad que en cantidad

Aplicar una megadosis de serenidad y humanismo

Incentivar las empresas nativas

Detener la ‘mogollópolis’

Acabar con el culto de la mediocridad

Cultivar la educación

Fomentar la ética de trabajo

Respetar el idealismo

Viendo todo esto y volviendo a las probabilidades, se me hace fácil concluir una ecuación sencilla: que mientras más impotente te percibas, y menos pienses que puedes controlar, menores son los chances de que sepas de la existencia de un tal puertorriqueño llamado Quique Martí.

Si es así, ya es hora de que lo conozcas.

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