Gustavo G. Cortina Rodríguez

Punto de Vista

Por Gustavo G. Cortina Rodríguez
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El racismo es un asunto de salud pública

El asesinato de George Floyd a manos de agentes de policía en Minneapolis ha provocado numerosas manifestaciones en Estados Unidos y a nivel mundial. Vemos que hoy día innumerables personas siguen siendo víctimas de racismo, xenofobia y otras formas de discriminación e intolerancia. Además, a lo largo de los años, hemos escuchado voces que piden un cambio, pero esos esfuerzos no han tenido el efecto que nuestra sociedad merece. Esto es un recordatorio visceral de una realidad que se ha querido maquillar por muchos años: el racismo es una crisis de salud pública.

Muchas de las disparidades que existen y podemos observar nacen de los determinantes sociales de la salud, que son las “circunstancias en que las personas nacen, crecen, trabajan, viven y envejecen, incluido el conjunto más amplio de sistemas que influyen sobre las condiciones de la vida cotidiana” (OMS). Este es el concepto más fundamental para los que trabajan en la salud; poder entender las razones por las que una población, comunidad o individuo puede tener más o menos riesgos ante ciertas condiciones. Debemos mencionar que la comunidad salubrista ha reconocido por mucho tiempo que el discrimen racial perjudica la salud.

Entonces, ¿por qué conociendo este concepto y trabajando día a día con estos temas, se hace difícil entender que esto es un asunto serio de salud pública? Los salubristas han sido, en gran parte, culpables de perpetuar este problema. No han sido vocales, han callado y el análisis ante estas disparidades ha sido demasiado liviano, tratando de esconderse detrás de definiciones y conceptos que hasta en la propia literacia en salud, se hace difícil explicar. 

El desafortunado y triste evento de George Floyd ha comenzado a desarrollar un cambio en el sector de la salud pública para combatir el discrimen racial. Ya hemos visto cómo varias ciudades de Estados Unidos han declarado el racismo una crisis, lo que le da visibilidad a este importante tema, además de poder buscar fondos para trabajarlo de una forma sistémica y combatirlo. 

Para trabajar el racismo sistémico, que ha existido por tantos años, lo primero que tenemos que hacer es entenderlo, conocer cómo afecta la vida y cómo funciona. Recordemos que el racismo, al que me refiero en este escrito, nació de la deshumanización de las personas negras; los veían como menos y que sus vidas no tenían valor. Al día de hoy, para muchas personas, ese pensamiento es igual. Quiero dejar claro que la brutalidad policiaca, la criminalización de las personas por su color de piel y otras variables asociadas al racismo no es solo algo que afecta a personas en Estados Unidos. A nivel mundial lo vemos, incluyendo nuestra isla. 

La pandemia de COVID-19 ha expuesto aún más las disparidades en salud. Los sectores poblacionales predominantemente negros están viendo tres veces más alta la tasa de infección, y seis vecesmás alta la tasa de muerte, en comparación con los blancos. Además, las personas negras que trabajan en la primera línea de defensa tienen un mayor riesgo de contraer la enfermedad. También, debemos mencionar que, de infectarse con el nuevo coronavirus, la data muestra que hay más probabilidad que la atención médica sea peor que las que reciben las personas blancas. 

Tenemos que ser vocales y luchar por un mundo lleno de sensibilidad, equidad, justicia social y tolerancia. No es camino fácil, pero la lucha por los derechos civiles nos toca a todos y todas. Todavía vivimos en el sueño del que Martin Luther King nos habló, que algún día las personas vivirán en un mundo donde no serán juzgadas por el color de su piel, sino por el contenido de su carácter. Soñamos con el día en que las personas puedan caminar libremente sin preocuparse de que el color de su piel sea un riesgo. 

Las personas, como muchos de los problemas que vivimos, han politizado este asunto. Tenemos que comprender y entender que esto no se trata de izquierda o derecha, se trata de saber qué es lo correcto y lo incorrecto. Como sociedad, podemos hacerlo mejor. La vida humana es invaluable y en el incidente de George Floyd, vimos que toda la situación comenzó por un billete de 20 dólares. Todavía sueño y abogo por vivir en un mundo donde elijamos la esperanza y el amor sobre el odio.

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