Albert Torres Mercado

Punto de Vista

Por Albert Torres Mercado
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El racismo recurrente en Estados Unidos

Ver las imágenes de George Floyd clamando por su vida mientras un oficial lo ultimaba sin piedad, es una de las imágenes más impactantes e injustas que he visto en la vida. ¿Hasta cuándo va a seguir el abuso de poder? ¿Hasta cuándo se seguirá fomentando el racismo en los Estados Unidos? 

Estados Unidos es un gran país, pero también una nación injusta. No es la primera vez, que la violencia policial teñida de racismo sacude al mundo entero. Sin embargo, el caso de Floyd trasciende el lente público. El caso recuerda el crimen de Eric Garner quien, igualmente, murió asfixiado en 2014, a manos de un oficial en Nueva York. 

El racismo en los Estados Unidos ha existido a través de la historia, pero es evidente que bajo la administración del presidente Donald Trump han aumentado los casos no tan solo en la comunidad afroamericana sino en la comunidad latina. 

Es aterrador que en pleno 2020, el racismo siga siendo un problema recurrente que menoscaba toda dignidad humana. Las políticas y prácticas estadounidenses en el ámbito federal y estatal siguen afectando desproporcionadamente a los grupos más vulnerables de la sociedad; las minorías raciales y étnicas, los inmigrantes y los no ciudadanos, los trabajadores de salarios bajos, las mujeres, los niños y los individuos procesados. 

Las minorías son injustamente discriminadas por la clasificación racial, una práctica que emplean las autoridades que dicen y juran hacer cumplir la ley. Estados Unidos afirma haber adoptado medidas eficaces para reformar aquellas políticas que generan o perpetúan la discriminación racial, pero no ofrece ejemplo alguno de ello. 

Aunque el país asegura estar firmemente comprometido con la prohibición de la discriminación, sus actuaciones no corresponden con este loable objetivo. Una persona que está en el suelo, inmóvil y rodeado de cuatro agentes policiacos no puede ni representa un peligro inminente para la sociedad. No puede invocarse la defensa del ejercicio legítimo de una autoridad, cuando la intención con propósito y conocimiento es demostrar el poder privando de la vida a un ser humano. 

Un líder inigualable y mayor activista contra el racismo, Martin Luther King, alguna vez pronunció: que hemos aprendido a volar como pájaros, a nadar como los peces; pero no hemos aprendido el sencillo arte de vivir como hermanos. No basta con reprochar estos actos a través de las redes sociales ni con el simple despido de esos agentes, el pueblo estadounidense tiene que levantarse, unirse y clamar por el respeto, la igualdad y la justicia de sus derechos fundamentales e inviolables de la vida y la libertad.  

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