Mirna Arroyo

Punto de vista

Por Mirna Arroyo
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El rastreo: arma poderosa contra el coronavirus

Recientemente se ha enfatizado la importancia del rastreo como arma para controlar la propagación del COVID-19. En países que pareciera le están ganando la batalla al virus, esta ha sido una herramienta importantísima, y mientras más temprano se ha hecho, mayores frutos ha rendido en detener la transmisión de la enfermedad. Además, ha permitido que dichos países usen sus recursos limitados de manera más eficiente, enfocando en quienes realmente lo necesitan y evitando el distanciamiento social prolongado.

La Organización Mundial de la Salud define “rastreo” como el proceso para monitorear a los infectados, que incluye la identificación de las actividades del paciente y de los que estuvieron a su alrededor desde el comienzo de los síntomas, el listado y notificación a aquellos con los que el individuo tuvo contacto, y el seguimiento regular de todos. De esta manera, se separa de la población a aquellos que están infectados y quienes son un alto riesgo de contagio, y es sobre ellos en que se enfoca primariamente el cuidado y tratamiento. El rastreo permite identificar al mayor número de casos positivos posible y promueve la economía del sistema de salud.

Contrario a lo originalmente planteado, nuestra condición política no era, ni es, impedimento para llevar a cabo este rastreo en Puerto Rico. Taiwan, por ejemplo, que ha sido el país que menos casos de COVID-19 ha reportado en el mundo —y cuya geografía y política son parecidas a las nuestras— comenzó el rastreo en puertos y aeropuertos, identificando desde enero a individuos sintomáticos provenientes de lugares de alto riesgo. A estos se les ponía en aislamiento, no sin antes hacer una lista de aquellas personas con las que pudieron haber entrado en contacto. Tanto al paciente como a sus contactos, se les rastreaba físicamente vía GPS a través de un celular, para evitar la violación del aislamiento o cuarentena según el caso. 

Corea del Sur, por su parte, amplió el rastreo incorporando la vigilancia del paciente mediante transacciones bancarias electrónicas y cámaras de circuito cerrado. Ambos países añadieron al rastreo el análisis de récords electrónicos de salud y otros medios electrónicos del individuo (“big data analytics”). Ello ha significado la diferencia entre cientos y miles de casos de COVID-19.

Puerto Rico tiene ante sí uno de los retos mayores de su historia. Es tiempo de que empecemos a mirar qué ha funcionado en otros lugares del mundo, para nosotros también salir victoriosos. 

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