Pedro Reina Pérez

Tribuna Invitada

Por Pedro Reina Pérez
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El reino de las paradojas

Con precisión casi literaria, el Macondo boricua engendra paradojas de suprema vitalidad. Si no fuera por la desgracia que comportan, bien valdría la pena coleccionarlas por el modo en que condensan la realidad, cada vez más bizarra y espesa. Se energiza el último hogar a oscuras, pero se advierte que el sistema es precario y hasta más frágil que antes. Cualquier ventarrón intenso derrumbará postes y cables sin aviso, a cualquier hora y en cualquier lugar. Mientras, hablamos de privatizar la producción de energía, pero si se genera con combustibles fósiles, como si no sobrara por doquiera el viento, el agua y la luz solar. Cautiva, la isla del encanto sigue presa del capital especulativo que explora nuevas formas de cebarse con los ingresos de los que no tienen a dónde partir.

Un informe de la Agencia Federal para el Manejo de Emergencias (FEMA) reconoció que dicha dependencia no estaba preparada para atender los estragos del huracán María en Puerto Rico. No tenían abastos ni personal especializado disponible en la isla, por lo que la respuesta fue errática e insuficiente. En otras palabras, un fallo sistémico de planificación y liderato. No había que ser un genio para constatarlo. Pero entonces, vino una exayudante de la Casa Blanca y reconoció en un libro propio que el atraso en el envío de suministros fue deliberado, y el Secretario de Estado de la isla corrió a las redes sociales para defender la gestión del gobierno federal. Tremenda manifestación de obediencia. Desgracia de un gobierno federal racista y un funcionario boricua pusilánime.

Se habla y se pregona sobre los planes de reconstrucción para Puerto Rico, pero apenas se repara en qué tipo de reconstrucción se pretende. Por ejemplo, ¿no fue acaso la mala planificación la responsable de un sistema eléctrico ineficiente? Combustibles tóxicos, postes y cables frágiles, plantas de generación lejanas y tarifas exorbitantes para una población atrapada en el consumo excesivo. Empero, apenas se habla del rediseño de la infraestructura, como si fuese posible volver a vivir como en el pasado.  Reconstruir la precariedad no es la mejor manera de encarar el futuro, aunque algunos vean en la explotación de las débiles, un corto camino a la rentabilidad económica.

El Tribunal Supremo abrió la puerta a las temidas escuelas charter, y una organización sin fines de lucro con reputación favorable resultó la escogida para operar la primera de ellas, en una comunidad con necesidades claras. Una oportunidad de oro —pensaría yo—para aplicar algunos de los modelos de educación alternativa exitosos en los que se ha invertido mucho, pero no.  Implementarán el currículo de una escuela privada bilingüe, como si tal cosa fuera garantía de que el cambio en el aprendizaje se producirá al prestigiar lo privado frente a lo público. Cualquiera que sea el resultado en la vida de estos estudiantes, se producirá en menoscabo de la educación pública frente a la privada. Arriba las iniquidades.

Sube el telón: la jueza Laura Taylor Swain le asesta varios golpes mortales al gobierno de Puerto Rico, reiterando su subordinación completa a la Junta de Control Fiscal. Anochece y amanece. El gobernador, la directora ejecutiva de la Junta y su presidente toman café en La Fortaleza, y se retratan para los medios. Abundan los gestos afables y las sonrisas. Al día siguiente, el gobernador arenga y dice que no obedecerá las demandas de la Junta, y que él seguirá defendiendo los mejores intereses de los puertorriqueños. Nadie aplaude. El gobernador se arregla la pollina con la mano. Una verdadera tragedia.

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