Luis Vega Ramos

Punto de vista

Por Luis Vega Ramos
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El rescate de la misión del Senado

Puerto Rico vive momentos delicados. Nuestros jóvenes cada vez más preparados y en su etapa más productiva han perdido la fe de crecer y prosperar en su tierra. La Universidad de Puerto Rico, una de nuestras grandes fortalezas, es víctima de un constante acecho mortal. Igual sucede con nuestros retirados y los que dependen de servicios esenciales de municipios y del gobierno para subsistir con un mínimo de dignidad. La Junta de Supervisión Fiscal, a nombre de intereses externos, nos aprieta y humilla, y nuestras instituciones electas no dan la pelea por nuestro pueblo.

Desde el Senado, su presidente actual ha criticado y amenazado mucho a la Junta, pero hecho muy poco. Sus palabras estridentes, especialmente contra los gastos excesivos de la Junta, se las lleva el viento. Peor aún, las recientes acusaciones federales por corrupción en una de sus oficinas, han dejado a esa institución y a su presidente sin fuerza ética para enfrentar a la Junta con seriedad.

En los momentos más difíciles de la historia, el Senado ha tenido  la misión de ser ciudadela defensora de nuestra dignidad. Fue el Senado el que en la década de 1940 generó gran parte de la revolución pacífica y transformadora del Partido Popular Democrático original, con Luis Muñoz Marín y su generación. Tres décadas después, con Rafael Hernández Colón, fue desde el Senado que el PPD aprendió a hacer oposición y fiscalización seria, responsable y constructiva para recuperar la confianza del pueblo en 1972. En la década de 1980, el Senado bajo la presidencia de Miguel Hernández Agosto se levantó como muro en defensa de los derechos humanos y en contra de los atropellos, la violencia y el encubrimiento que caracterizó dicha época.

Hoy, el Senado está muy lejos de cumplir esa misión histórica.

El Senado está obligado a ser defensor del bienestar del puertorriqueño promedio frente a los abusos de la Junta, Wall Street, y los ataques y el discrimen de políticos como Donald Trump. Tiene que ser fuerza regeneradora de Puerto Rico y sus instrucciones tras el mediocre, torpe y éticamente comprometido gobierno de Ricardo Rosselló, Thomas Rivera Schatz y el Partido Nuevo Progresista.

Por 13 años, en la Cámara, he combatido la corrupción y he impulsado legislación que preserva el Corredor Ecológico del Noreste; extiende las protecciones de la Ley 54 de Violencia Doméstica a toda persona sin importar identidad de género u orientación sexual; enmendó el Código Penal para reincorporar penas alternativas a la cárcel en delitos no violentos; para la Auditoría Ciudadana de la Deuda Pública; entre otras. 

Hoy, aspiro al Senado para con una nueva cepa de hombres y mujeres, forjar una institución que recupere su misión histórica y que, sin aguajes, defienda al país de quienes le castigan. Dialoguemos con convicción y actuemos para lograr un Senado distinto, uno que vuelva a su misión histórica como principal defensor de Puerto Rico.

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