Nelson A. Vera Hernández

Punto de Vista

Por Nelson A. Vera Hernández
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El reto de la educación a distancia en Puerto Rico

El pasado marzo, la mayoría de las actividades académicas en Puerto Rico entraron a una transición de cursos presenciales a remotos, debido al distanciamiento social impuesto como protección contra la pandemia del COVID-19.

El proceso fue atropellado porque más del 90% del sistema educativo en la isla se ha mantenido en la educación tradicional del contacto directo en el salón de clases.

Inmediatamente expertos en la educación se expresaron sobre esta modalidad en todos los medios conocidos. Talleres, sugerencias, orientaciones fueron presentadas ante las críticas a esta forma educativa.

Este ensayo busca reflexionar sobre los diferentes elementos recién expuestos públicamente sobre este tema. Se busca comprender cada posición, para entender cómo debe ser un buen programa educativo remoto. Las variables reflexivas son los docentes, el estudiantado, los recursos, las plataformas académicas, conocimiento en informática, los servicios de conexión, las teorías educativas, entre otros. 

El recurso humano del salón de clases confrontó una dura realidad: la educación presencial es distinta a la educación a distancia. Colegas educadores de todos los niveles poseen las destrezas necesarias para llevar un proceso educativo de excelencia en los salones de clases. No obstante, la forma de educar remota requiere de otras competencias básicas. 

Podemos tener talleres y certificaciones en tipos de plataformas, aplicaciones o recursos remotos. No obstante, lo meritorio es una certificación profesional de educador a distancia. Es un elemento requerido por agencias acreditadoras para poder aprobar programas académicos. El proceso de transición a remota demostró que ese tipo de educador es escaso en Puerto Rico. De hecho, hasta las propias instituciones reconocen esa limitación en un mundo digital. Por ello, algunas universidades limitan su oferta a muy pocos cursos a distancia.

Todo el estudiantado no estaba preparado para la inmediatez del cambio. Para una educación presencial el estudiantado se prepara con los recursos tradicionales y sigue una guía diseñada por el docente del curso. Es un proceso basado en un plan de trabajo. Pero la educación a distancia responde a un estudiantado autodidacta, que requiere pocas instrucciones para enfrentar todo el proceso educativo. Hay quien señala que la mayor parte del estudiantado en Puerto Rico carece de destrezas de autoestudio y que eso propicia el plagio de escritos. 

Otro componente que perturbó por la transición fue los recursos tecnológicos de las instituciones. Las instituciones educativas poseían servidores para una capacidad en particular debido a la cantidad limitada de cursos o programas a distancia. Esta capacidad era incompatible con la avalancha de consumidores, servicios universitarios y las responsabilidades administrativas de las instituciones. Recordemos que además de los cursos remotos, los otros componentes académicos también tuvieron que entrar en transición.

Lo próximo son las plataformas académicas. Classroom, Moodle, Canvas y Blackboard son algunas de las utilizadas por las instituciones. Cada día de la cuarentena aparecieron y fueron recomendadas múltiples plataformas académicas de uso académico. Recordemos que las plataformas educativas responden a un servicio en particular y quien recibe los servicios educativos, adopta la más cómoda, amigable y simple para atender sus necesidades. La cantidad de estudiantado expresándose en contra de las plataformas utilizadas es muestra de que las instituciones no deben limitarse a una en particular.  Ante ello optaron por otros medios.    

Los medios reflejaban las deficiencias de conocimiento en informática por parte de educadores y estudiantado. Muchas personas pensaban que brindar cursos a distancia era similar a emitir comentarios en las plataformas sociales como Facebook, comunicación por la aplicación Whatsapp o a través del móvil personal. Incluso hubo instituciones educativas privadas y públicas que mencionaron que la forma de comunicación para las clases sería a través de una de las mencionadas. Fue poco el análisis sobre cuán efectiva sería estos mecanismos y sin contar los servicios de conexión.

Estos servicios de conexión son otro elemento en la ecuación. La cantidad de comentarios en los espacios para ello tuvieron un ascenso incalculable. Algunos de los observados iban dirigidos a que la banda que poseían estaba fuera de los requerimientos para las plataformas o mecanismos digitales. Hubo instituciones que partieron del supuesto que la transición sería cómoda porque “todo el mundo tiene internet”. A nuestro juicio, es un error concluir sin poseer todos los elementos de juicio. Eso lo indican las teorías de investigación y educativas.        

Las teorías educativas son muchas, incluyendo las relacionadas a la educación en línea. Van desde el cupo máximo del grupo en clase hasta la forma y mecanismos de emitir el pan de la enseñanza. Algunas instituciones partieron del poco conocimiento sobre sus docentes y estudiantado para entrar en la transición. Este es el caso de grupos con 30 estudiantes o más, cuando la teoría educativa a distancia recomienda 15 o menos. También que existen cursos propicios para la educación a distancia, pero otros no. Ejemplo de ello son los cursos de prácticas o laboratorios.    

No hay certeza de cuánto durará la pandemia. Ante ello, las instituciones educativas en todos los niveles deben considerar la experiencia de los pasados meses. Buscar una transición obviando los elementos discutidos, pudiera resultar en bajar la calidad educativa de todos los componentes asociados a la educación. Eso es hacer poco por el país en el momento y el futuro. Recordemos el dicho cultural “vísteme despacio que voy de prisa”. 


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