Eudaldo Báez Galib

Punto de vista

Por Eudaldo Báez Galib
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El reversazo de Pierluisi

El sábado, en este mismo espacio, se publicó mi columna, “Confírmenlo, y sigamos camino”, relacionada con el licenciado Pedro Pierluisi. La tesis que esbocé fue que la urgencia de componer gobierno, causada por la grave crisis sociopolítica del país, forzaba una solución práctica que, ante la inconstitucionalidad del proceso de sustitución del gobernador, ofreciera alguna imagen de legalidad. Un evento de saneamiento doloroso que solo los que hemos experimentado situaciones de igual trascendencia sufrimos.

La base de ese razonamiento giró en torno a la admisión del licenciado Pierluisi, de que reconocía serias dudas legales; que reconocía el derecho del Senado a ejercer su función de “consejo y consentimiento”; y su promesa que, de no ser confirmado por el Senado, abandonaría La Fortaleza.

Ayer, domingo, Pierluisi dio reversa. Hiló la teoría de que como ya no era Secretario de Estado, siendo ese el cargo a confirmarse, el Senado carecía de poder constitucional para atender, mediante votación, si era o no gobernador. De hecho, el licenciado Pierluisi fue semánticamente creativo al no mencionar en su conferencia de prensa confirmación sino “ratificación” en el cargo de gobernador. Pero, realmente, al someterse al proceso senatorial, la distinción es inmaterial.

Entendí, cuando solicité su confirmación en mi columna previa, que aun cuando el reloj constitucional había parado, la urgencia de que el país tuviera un timonel, ameritaba unos ajustes legalistas. O sea, si él estaba reconociendo la autoridad del Senado, su confirmación ofrecía oxígeno al ahogo constitucional.

Por haber yo estado dentro de esos monstruo, política y Senado, advertí por experiencia, en torno a las consecuencias de que la Secretaria de Justicia asumiera la gobernación: “…admitiendo que el cargo y el nombramiento le pertenece al PNP y de no ratificarse a Pierluisi, la gobernadora será la Secretaria de Justicia (salvo que haya otra carta debajo de la manga)”.     

Entonces, el licenciado Pierluisi nos permitió, con sus dichos y actitud suave, a los que estamos en eterna búsqueda de acorralar las intenciones inconstitucionales, y remediarlas, creer y confiar en él. Descartamos la información negativa sobre él y obviamos el politicastrismo que estaba adornando su proceso. Era el momento de aquilatar teoría versus necesidad, aun ante el inevitable y lógico escarnio.

Ante el reversazo de Pierluisi, con tantas connotaciones, obliga mi reversazo. No lo confirmen. Que rete al país y que sea el Tribunal Supremo que cargue con la responsabilidad histórica, en este momento en que el Tribunal está, por su abultamiento, en entredicho.


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