Mercedes Martínez Padilla

Punto de vista

Por Mercedes Martínez Padilla
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El rostro real de una falsa reforma

Como parte del proceso para implantar la mal llamada "reforma educativa", la Secretaria de Educación, Julia Keleher, decretará el cierre de 308 escuelas, el despido de unos 7,000 maestros transitorios, la declaración de "excedentes" de miles de maestros permanentes y el traslado forzoso y masivo de estudiantes. Son acciones anunciadas ya por el Departamento de Educación para hacer "costo efectivas" las escuelas y que sean atractivas a los privatizadores.

Son cifras tras las que se esconden historias humanas que el gobierno quisiera que nadie conociera. Ahí está el niño llorando, porque a mitad de semestre le quitan sus maestros y tiene que adaptarse a la carrera a la nueva realidad.

Ahí está el maestro atropellado y obligado a reubicarse en otra escuela y como han hecho ya, en otra categoría para la cual no está certificado. Está el desplazado sin esperanza que abandonará el país con su familia, profundizando la crisis que sacude a Puerto Rico.

Se encuentra el estudiante joven que, por decisión arbitraria de la Secretaria Keleher, es trasladado a una escuela distante y en el trayecto es atrapado por la deserción escolar. Está un sistema educativo que clama por unos cambios reales en su filosofía educativa y el ofrecimiento académico para ser más pertinente a lo que necesitamos, pero la "reforma educativa" no dice nada de eso.

Son cientos y miles de familias golpeadas para que el negocio de la educación sea rentable para las empresas que vengan a repartirse las escuelas. Son vidas tronchadas para propiciar el lucro de unos pocos.

Ese es el rostro real de un proceso de falsa reforma educativa donde no se le permitió participación en su elaboración a padres, estudiantes y maestros. 

La educación pública no es un negocio ni se le pueden aplicar los criterios de costo efectividad. Es la base sobre la cual se debe levantar cualquier proyecto de país. Es la esperanza individual y colectiva de nuestra gente. Por eso, desde el salón y desde la calle, la defenderemos siempre.

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