José Alicea Pou

Tribuna Invitada

Por José Alicea Pou
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El ruido después de la tormenta

Ante la fragilidad del sistema eléctrico de Puerto Rico, el uso de generadores eléctricos se ha convertido en una herramienta esencial para la seguridad y comodidad en el hogar; así como la continuidad en la prestación de servicios por comercios e industrias.  El paso de Irma por las cercanías de Puerto Rico nos recordó a todos lo necesarias que son los generadores y aquellos que no tenían uno, tomaron la urgente decisión de adquirir uno.

Pero ante el impulso de resolver, hay decisiones que luego son más un dolor de cabeza que una solución.  En especial cuando la muy ruidosa “planta eléctrica” nos impide nuestro tan deseado disfrute de la propiedad, impone riesgos a la salud auditiva y causa problemas con vecinos colindantes.  Es por esto que la decisión de cual comprar, donde localizarla de forma temporera o permanente y los tiempos de uso deben ser prudente y cuidadosamente considerados.

Aunque el Reglamento para el Control de la Contaminación por Ruidos (Reglamento 8019 del 9 de mayo del 2011) de la Junta de Calidad Ambiental dispone en su Regla 29 excepciones a las prohibiciones bajo estado de emergencia su uso, esto no implica que dichos generadores pueden emitir cualquier nivel de ruido, a cualquier hora, circunstancia o lugar.  Es obligación del usuario asegurar que sus emisiones de ruido al ambiente acústico comunitario sean la menor posible.

Antes de adquirir, es esencial siempre verificar el nivel de sonido que debe estar escrito en el exterior de la caja o en las especificaciones del manual de usuario.  Si no lo está, es muy probable que sea tan ruidosa que el fabricante prefirió no admitir dicha condición al consumidor.  Si está el nivel de sonido, hay que estar pendiente a que distancia se evaluó, pues no es lo mismo 78 decibeles a 4 pies que 78 decibles a 40 pies.  Debe ser lo más bajo, lo más cerca del generador.  Luego hay que comparar distintas marcas y modelos según sus necesidades. Si el uso es residencial urbano, el nivel de emisión de ruido tiene que ser el factor prioritario entre lo que se tiene que considerar.  La localización de donde se coloca es esencial para evitar controversias con vecinos, las cuales no solo pueden llevar a querellas ante la Junta de Calidad Ambiental, la Policía estatal o municipal (Ley 71 de 1940), sino también ante los Tribunales (demandas civiles de daños y prejuicios, querellas por Ley 140 o vista de medicación de conflictos). 

Querella que al final puede tener como consecuencia el que tenga que desistir del uso, invertir en modificar el aparato o su contenedor para hacerlo más silencioso, gastar en relocalizar a otro punto de la propiedad más lejano de los receptores, tener que sustituirlo por otro, y en algunos casos incurrir en gastos de abogados y consultores ambientales para asistirle a resolver la controversia y apaciguar a esa fiera mecánica que atemoriza la paz de todos en su comunidad. Antes de comprar, instalar y usar, no se olvide de los ruidos, pues su máquina se lo acordara cada instante que la tenga encendida.

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