Adrián Torres Trigo

Punto de vista

Por Adrián Torres Trigo
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El salario mínimo y el dilema del capitalismo puertorriqueño

Ante la controversia a la que se enfrenta la isla respecto al salario mínimo, muchas teorías y propuestas han surgido, desde los que lo apoyan hasta los que dicen que no debe existir. La realidad es que este tema es muy complicado y ambos lados tienen buenos argumentos y razones, pero subir el salario mínimo sería muy costoso para las empresas y la economía en general. 

Ahora, no crean que estoy proponiendo un tipo de neo-esclavitud o algo por el estilo. Para nada, creo que esto a largo plazo beneficiaría a la clase trabajadora, ya que se ha comprobado en otros países, como Noruega, Finlandia, Singapur, o Suiza. Estos países tienen los salarios promedios más altos del mundo y de los porcentajes de desempleo más bajos de todas sus respectivas zonas. 

Para que la isla pueda desregular el salario mínimo en estos momentos, necesitaríamos establecer un modelo de bienestar capitalista. Este sistema consiste en que el gobierno de Puerto Rico les fije impuestos a los puertorriqueños con más dinero y lo distribuya a los más pobres. Así se crearía cierta igualdad económica entre los puertorriqueños y se salvaría a nuestros empleados de la más extrema pobreza después de desregular el salario mínimo. Esto beneficiaría a las empresas, ya que se ahorran el dinero de pago, y a nuestros trabajadores, que estarían mucho mejor económicamente. El modelo se aplicaría a mayor escala en lo que nuestra economía crece y los salarios suben poco a poco. 

Ahora, una vez que nuestra economía crezca, muchos lectores se preguntarán, ¿y cómo esto haría que los salarios suban? Bueno, al crecer la economía, nuevas empresas surgen y necesitan mano de obra. ¿De dónde la consiguen? Efectivamente, de nuestros trabajadores. Así, habrá mayor oportunidad de empleo para los trabajadores. Para estas empresas lucir atractivas a la mano de obra, necesitan ofrecer salarios más altos y mejores condiciones de trabajo, que irán mejorando constantemente. Si se liberaliza la economía de Puerto Rico, y se desregulan los salarios, hay una probabilidad muy alta de que el pueblo puertorriqueño gozará de salarios mucho más altos y un nivel de vida estupendo. 

En fin, lo único que puede salvar nuestro modelo capitalista y a la colonia puertorriqueña del hundimiento al que se aproxima son dos cosas: nuestra libertad económica y nuestros trabajadores. Puerto Rico, para prosperar, debe mantener un balance entre los derechos de la empresa privada y los intereses de la clase trabajadora. El gobierno de Puerto Rico, como ya sabemos, no ha hecho ninguna de las dos. Ha pisoteado a los trabajadores y ha mantenido su burocracia, también quitándole los derechos a las empresas. En estas elecciones del 2020, procuremos votar por un candidato que proponga la libertad económica y que crea en el trabajador, no en la explotación, y tampoco en la revocación de los derechos y privilegios básicos de nuestros trabajadores. 

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