Mayra Montero

Tribuna Invitada

Por Mayra Montero
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El sendero de las cenizas de carbón

Desde que se alteró el contrato que impedía a la empresa AES depositar cenizas en Puerto Rico, en el verano de 2015, se selló el conflicto que estamos viviendo dos años después.

No quiere decir que antes de esa fecha no se estuvieran echando miles de toneladas de cenizas, en abierta violación a la ley, tanto en Peñuelas como en Humacao. Lo que pasa es que la empresa necesitaba el asidero legal que entonces no tenían, y que los colocaba en situación de poder ser demandados y multados en cualquier momento.

Todavía es un misterio la identidad de la persona que ordenó a la AEE requerir el consentimiento de la Agencia Federal de Protección Ambiental (EPA) para poder depositar cenizas. Una directora regional de la EPA dio su autorización porque, según le admitió al Centro de Periodismo Investigativo, pensaba “que era mejor que las cenizas se vertieran en lugares ‘autorizados’ en vez de desparramarse por toda Ia Isla”. Darían ganas de reír, si no fuera porque se le queda a uno en la boca el sabor del arsénico.

Para ese tiempo, hubo dos directores ejecutivos en la AEE, este que se iba y el otro que llegaba (Juan Alicea y Javier Quintana, respectivamente), quienes se supone que conozcan las interioridades de la movida, pero no sueltan prenda. En medio de esa transición, estuvo aquel oscuro director interino, Carlos Castro Montalvo, quien alegadamente firmó el contrato enmendado. También debe saber bastante. A menos que no sepa nada y le hayan dicho simplemente “¡Firma!”.

Lo cierto es que ése era el momento para paralizar al país y exigir explicaciones. Pero en aquel tiempo, muchos de los que hoy protestan con vehemencia, ya habían bailado con la Orquesta de Don Perignon, en el Octavo Festival del Tinglar, cuando todo era esperanza y júbilo, qué digo júbilo, euforia enardecida porque el gobernador García Padilla había firmado la ley que protegía el Corredor Ecológico. Y recuerdo lo de Don Perignon, porque el nombre de esa orquesta me hace gracia, y porque al son de su música bailó ese día hasta Perelló, que estuvo allí, cogiendo pon con los ecosistemas.

Meses más tarde, a punto de que se fraguara y oficializara la enmienda para poder dejar todo el sobrante de la quema en casa, García Padilla firmó otra ley simpática: la del Bosque Modelo. Y en abril de 2016, cuando ya se habían descargado cientos de miles de toneladas en Humacao y Peñuelas, el mandatario dijo que le enorgullecía anunciar que su administración había logrado aumentar de un 8 a un 16 por ciento las tierras protegidas.

Pues mejor no hubiera protegido tanto. La verdad. Mejor hubiera sido que la corporación sobre la que él mandaba, o sea, la AEE, no le hubiera dado la puñalada trapera a cuerpos de agua y tierras de cultivo, y a la tranquilidad de tantos ciudadanos.

Muchos ambientalistas, el propio Departamento de Recursos Naturales, sí, ese flamante Departamento, estaban tan confiados, tan "entregados" a las buenas intenciones del Ejecutivo, que evitaron movilizarse o enfrentarse a él. No se atrevieron a plantar cara y denunciar frente a La Fortaleza y en el Capitolio, con gritos y cadenas humanas, lo que ahora denuncian en Peñuelas. La semilla de la actual explosión cenicera germinó entre sombras, aquel mismo verano.

Luego, en enero pasado, la administración actual se encontró con el trabajo hecho.

En agosto de 2016, de cara a las elecciones donde resultó vencedor, el gobernador Ricardo Roselló prometió eliminar el depósito de cenizas. Y ya en noviembre, cuando había ganado, suavizó el tono y afirmó que “no descartaba mandar las cenizas a otro país”. Nunca dijo a cuál. Para Colombia que no mire, porque el alcalde de Santa Marta está furioso y quiere sacar todo rastro de carbón cerca de la ciudad. Estuve en Santa Marta hace dos años, y de la Sierra Nevada bajaban ráfagas que levantaban remolinos de polvo, supurando el gris sobre la arena de la playa. En la República Dominicana, como ya sabemos, hubo fuerte oposición y acción legal. Entonces, ¿a cuál país, a dónde, al Congo? Habrá que procesarlas de otro modo, lo que me imagino que significaría gastos millonarios en los que AES no quiere incurrir.

La verdadera víctima de todas estas políticas que favorecen el uso de los combustibles fósiles, no es un pueblo ni dos, ni los 78 municipios, sino algo más importante todavía: la esperanza de desarrollo de fuentes y sistemas de energía renovables, herida una vez con la engañosa ley que se aprobó la semana pasada.

Una isla pequeña, con las condiciones idóneas para haber despuntado como la gran la vitrina (en eso sí), el gran proyecto piloto de un bastión sustentable, ejemplo para los demás países del Caribe, cayó en las redes de la desidia y de la corrupción. De la codicia de unos personajes pavorosos, jefes de la AEE o de más arriba, a los que les importa un pito pasar a la historia, ensuciar el plato donde comen, quemar petroleo o enterrar cenizas.

Esa es la verdad del sendero por el que transitamos hoy.

Haya o no haya tóxicos fatales, el veneno del engaño hace tiempo nos puso en esta situación.

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