Benjamín Torres Gotay

LAS COSAS POR SU NOMBRE

Por Benjamín Torres Gotay
💬 0

El show de la semana

En las cárceles de Puerto Rico hay encerradas, en este momento, cerca de 11,000 personas. Salvo unos pocos que toman clases, participan de talleres u otras actividades, la mayoría está allí simplemente almacenada, viendo el tiempo pasar, contando los días. No pocos, dicen los que han estado allá adentro, están usando drogas o aprendiendo nuevos crímenes.

Hay estudios que dicen que, una vez liberados, la mayoría volverá a la cárcel en poco tiempo. La implicación de ese dato es brutal: el Estado, teniéndolos bajo su custodia total por determinado período, presumiblemente para rehabilitarlos, no puede evitar que la mayoría vuelva a las andadas apenas regresa a la calle.

Esto es algo que vale pensar en estos días convulsos en los que el gobierno, temeroso del daño que le hace a su imagen el que hayamos redescubierto, de repente, que vivimos en un sitio muy violento, está haciendo shows de día y de noche para querer dar la impresión de que hace algo contra el flagelo del crimen, que nos tiene agarrados del cuello hace décadas.

El gobierno sí hace “algo”. Pero nada que sirva. En esto del crimen, hasta ahora, el gobierno de Ricardo Rosselló ha seguido el mismo libreto fracasado de los gobiernos que creen que la violencia se puede controlar a macetazos. Ya estaría, otra vez, la Guardia Nacional de paseo con policías, como pasó antes sin ningún resultado, si no fuera porque, en esta ocasión, no hay dinero para esa parte del show.

El gobierno de Rosselló, en resumen, está haciendo, con ligeras variaciones, lo que –salvo esporádicos y, por lo tanto, vanos intentos– se ha venido haciendo por décadas, con el resultado que vemos en nuestras calles todos los días. Nadie tiene que decirnos que va a ser un fracaso porque ya lo hemos vivido.

Al que le gusta ver a Rosselló metido en un operativo de caserío tomándose fotos es porque es muy fanático o porque cree, de buena fe, que esto del crimen no tiene solución y, pues, que se haga lo que se pueda.

Es bueno que se sepa, sin embargo, que el crimen sí tiene solución, que hay sitios que han logrado llevarlo a niveles tolerables, en los que, por raro que nos parezca, no hay tiroteos a plena luz del día en las calles y la gente camina de noche más o menos tranquila. Pero, no llegaron a eso por obra y gracia de nuestro señor Jesucristo Llegaron con políticas sensatas. Lo que pasa es que esas políticas sensatas no dan resultados de un día para otro y es difícil exhibirlas como logro en las próximas elecciones.

Volvamos al tema de los presos un momento para que entendamos cómo es que las políticas erradas nos meten a todos en estas tramas de espanto que tanto nos duelen.

Muchos se preguntarán qué le impide al gobierno dar mejores servicios de rehabilitación en las cárceles para que la mayoría de los que están allí, bajo su custodia día y noche, que no pueden mover un dedo si no es bajo la vigilancia de un agente del Estado, no vuelvan a delinquir. La respuesta a esa pregunta no es difícil: el gobierno no tiene recursos para darles clases universitarias, cursos vocacionales y servicios sicológicos, entre otras de sus necesidades, a 11,000 reos.

Pero, ahora es que viene el detalle que complica esto: el gobierno carece de recursos para eso porque tiene muchos más reos de los que debería. Si tuviera menos, podría atenderlos mejor y a todos en la sociedad nos iría mejor. Pero tiene demasiados porque muchísimos de los que están hoy tras las rejas son enfermos que no debían estar allí, sino en un hospital.

El perfil del confinado del Departamento de Corrección y Rehabilitación (DCR) dice que el 48.54% de los reos está allí por delitos contra la propiedad o de sustancias controladas.

De los que cometieron “delitos contra la propiedad”, otra forma de decir robo, una gran cantidad son adictos que hurtaron para satisfacer su vicio. Esos no deben estar presos, sino siendo atendidos para la condición de salud, que es la adicción a sustancias.

En Puerto Rico, en cambio, se les encierra sin servicios, se les obliga a romper la dependencia en frío y después se les suelta en una población penal en la que abundan las mismas sustancias que los llevaron allí. Del total de los confinados, el 16.26% está en la cárcel por drogas ilícitas. De esos, el 21.75% cayó por posesión. Esos son otros que tampoco tendrían que estar presos, sino siendo atendidos por profesionales de la salud.

Estos ejemplos son apenas una mirada parcial, diminuta, a un problema complejísimo. Si se le da una mirada más de cerca a toda la población penal, se encuentra a muchísima gente que, por diversas otras razones, no debería estar presa.

Estándolo, le cuestan al Estado en dinero y en recursos. En consecuencia, todos pagamos, por un lado, por el descomunal precio que tiene el almacén de gente que operamos ahora y, por el otro, con el costo social que implica tener que lidiar después con tanta gente a la que la cárcel perjudicó mucho más de lo que la ayudó.

Esto de las cárceles, además, es solo un ejemplo de una política que empeora el crimen y que nos cuesta a todos. Se podría haber hablado también de la absurda “guerra contra las drogas”.

Otros sitios se mueven ya para salir de ese sinsentido. Pero a Rosselló se le preguntó, en estos días, si apoyaba la despenalización de la marihuana. Dijo que no porque, según sus palabras, “yo no veo que ese es el Puerto Rico que la mayoría de la sociedad quiere”. Eso no es una respuesta sensata, porque la razón para asumir postura ante una propuesta así no debe ser si la sociedad quiere o no, sino si es bueno o malo en sus méritos.

Y, lo que nadie puede negar es que, hasta ahora, los sitios que han despenalizado drogas han tenido resultados bastante positivos.

Lo importante de entender de todo esto es que, contrario a los que nos quieren hacer creer, no estamos obligados a vivir contando cada mañana a cuántos mataron el día anterior, ni perdiendo sueño cuando uno denuestros hijos sale de noche.

Debemos saber que hay soluciones. Son difíciles, arriesgadas y toman tiempo. Pero están ahí. Que quienes nos gobiernan no las quieran implantar, por miedo, por desidia, por ignorancia o, quién sabe si por conveniencia, ya eso es otro show.

Otras columnas de Benjamín Torres Gotay

domingo, 17 de febrero de 2019

El lujo de rendirse

Habíamos creído por generaciones que nada podía haber peor en la vida que la muerte inesperada de un ser amado. Malas noticias: lo hay. Los sombríos tiempos de resquebrajamientos que atravesamos demuestran que ni siquiera la mordida de león al alma que es la muerte inesperada de alguien querido es lo peor que se puede esperar de la vida.

domingo, 10 de febrero de 2019

La diplomacia colonial

Las temerarias actuaciones de Luis Rivera Marín pusieron en ridículo a Puerto Rico. Nadie en el gobierno parece haberse percatado

domingo, 3 de febrero de 2019

La estrella más fugaz

Raúl Maldonado era la estrella de la administración Rosselló. Pero su brillo duró muy poco

domingo, 27 de enero de 2019

La saña de Donald Trump

Las aciones del presidente de Estados Unidos demuestran que tiene algo contra Puerto Rico

💬Ver 0 comentarios