Manuel G. Avilés Santiago
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El silencio no es opción

El habla es nuestra marca oficial. Cuando me mudé de Aguada a San Juan, el uso del “válgame” revelaba mi procedencia. ¿Eres de la isla? – me preguntaban. Cuando emigré a Austin, Texas, la denominada lateralización de la erre implosiva -entiéndase sustituir la “r” por la “l” - me ubicaba automáticamente en el Caribe hispano. Mi voz, mi acento y mis regionalismos me ayudaron a forjar mi identidad como miembro de la comunidad imaginada de puertorriqueños y latinos en la diáspora.

Sin embargo, la represión lingüística por el uso del idioma español parece ser la orden del día. En menos de dos meses, han sido varias las noticias que han circulado en las redes sociales que narran cómo se les recrimina a puertorriqueños y puertorriqueñas en la diáspora por hablar en español en espacios públicos.

Johanny Santana fue acosada por una mujer blanca en la fila de un supermercado. En el vídeo la mujer le dice a la puertorriqueña: “Yo sí nací aquí; tú no perteneces a este país. Espero que Trump te deporte”. En otro vídeo distribuido la misma semana, un gerente de un restaurante de comida rápida, de origen puertorriqueño, confrontó a dos clientas, también mujeres blancas, quienes le recriminaron por hablar español en su trabajo. Tan reciente como la semana pasada, Xiara Mercado, miembro de las Fuerzas Armadas de los Estados Unidos, fue hostigada verbalmente por otra mujer en la fila de un café por hablar español mientras vestía uniforme militar.

Lo curioso es que, aunque muchos piensen que el inglés es el idioma oficial de Estados Unidos, a nivel federal no existe tal cosa. Por lo tanto, hablar español en espacios públicos no es un delito. Sí es delito el discrimen por origen nacional y atentar contra la libertad de expresión.

No obstante, este tipo de represión lingüística ha encontrado su interlocutor en Donald Trump, quien a través de su cuenta de Twitter ha circulado, oficializado y vuelto masivo ese tipo de discurso de odio y discrimen. Por ello, el silencio no es una opción. Más que nunca, el español hay que hablarlo, narrarlo y cantarlo de forma contundente y con fuerza.

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