Ada Torres Toro

Tribuna Invitada

Por Ada Torres Toro
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El síndrome del menos malo

Sin asombro leí la reciclada idea de que, nuevamente, debemos resignarnos en las elecciones a votar por el menos malo de los candidatos entre el PPD y el PNP. Nos recomienda José A. Hernández Mayoral, en su columna “Con Lúgaro y Cidre gana el peor” que nos sometamos como corderos a repetir la conducta que nos ha traído a este abismo. Debemos renunciar a aspirar a votar por un candidato en el que creamos, y votar por el menos malo para que el “verdadero” malo pierda. Bajo el periódico, y suplico paciencia al universo.

Declino hastiada el predecible consejo de sacarme los dos ojos para sacarle uno al enemigo. Declino la invitación de este asqueante círculo vicioso que nos ha hecho tocar fondo gracias a, precisamente, el malo y menos malo, el rojo y el azul de turno que se pasan el delicado balón de nuestro futuro para concluir cada cuatrienio en un penoso espectáculo del esquema de pillaje del momento. ¿Y quiere usted, licenciado Hernández Mayoral, que vote por uno de los responsables de este sinrazón? Gracias, pero no, gracias.

Felizmente, un segmento preocupantemente grande del electorado está harto de los dos clubes que han tenido todos los turnos al bate para mejorar nuestra calidad de vida, y en vez, han pisoteado  nuestra confianza, (con nuestro consentimiento, hay que admitir) al punto que ya ninguno gobernará porque será una Junta y un Señor Cooper quienes dictarán nuestro futuro.

Los electores que dicen apoyar a Lúgaro y a Cidre van a inclinar la balanza de esta elección (escenario que, de paso, debería avergonzar al PIP, cuyas estrategias son tan poco imaginativas e inspiradoras, que dos desconocidos de la política sin maquinarias de partidos han logrado en unos meses aplanarlo en porcentajes de apoyo). Y nos recomienda el licenciado que aunque tengamos un favorito, no votemos por él o ella porque no ganará.

Si fuéramos a apoyar causas o candidatos que únicamente tienen la fuerza de la mayoría, las mujeres no tendríamos el derecho al voto. Los negros tampoco, y no seríamos la única colonia que queda en el planeta. Habría muchas otras porque sus habitantes no hubieran osado retar el status quo.

Gandhi dijo célebremente que “cuando una ley es injusta, lo justo es desobedecerla”. Igual aplica a las malas ideas que encierran agendas de encadenarnos para siempre al bipartidismo que nos desangra.

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