Orlando Parga

Punto de vista

Por Orlando Parga
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El síndrome político del “wandismo”

Para comienzos de año la licenciada Wanda Vázquez Garced era una secretaria de Justicia que, añadida a la controversia innata al cargo, traía consigo el peso y consecuencia de 31 años de servicio público como fiscal y procuradora de la mujer. En diciembre de 2018 Vázquez Garced, suspendida de su cargo, estuvo estigmatizada como la primera titular de Justicia acusada por la Oficina del Fiscal Especial Independiente de violaciones éticas muy serias, sometida a funesto proceso televisado a toda la Isla, de lo que salió triunfalmente exonerada y revindicada. Seis meses más tarde – en el ya notorio Verano del ’19 – la licenciada Vázquez Garced era elevada al cargo de Gobernadora de Puerto Rico.

La metamorfosis no para ahí… ahí es que comienza. Lo primero que dijo la nueva gobernadora a minutos de juramentar fue que aceptaba el mandato constitucional hasta completar el término interrumpido del gobernador Ricardo Rosselló, que no era política y no tenía intención alguna de ser candidata para las elecciones del 2020.Anteayer, después de semanas de especulaciones, la gobernadora Vázquez Garced se contradijo e hizo todo lo contrario: anunció su candidatura y retó a un prominente político como aspirante en primarias de “mi Partido Nuevo Progresista”.

Este cambio drástico de ánimo tiene justificación humana y hay que explicarlo. Se dice con ironía que el poder es afrodisiaco y embriaga. En cierta medida lo es. Muchos lo buscan para vanagloriarse y lucrarse; otros, porque se enamoran de la oportunidad para crear cambios y dejar huella. De subalterna, Wanda Vázquez sintió en la proximidad del poder la posibilidad de crear cambio, y sin duda, la frustración de pensar que pudo haberlo hecho mejor por cuenta propia. Hasta que súbitamente y sin pretenderlo, el destino colocó el poder en sus manos y, ahora, la hemoglobina hierve en sus venas con la posibilidad de enderezar los entuertos del pasado y edificar lo que otros no pudieron. Bajo tales condiciones, abstenerse equivaldría a pecado mortal.

Habrá que ver si “mi Partido Nuevo Progresista” está a la altura de los tiempos. La historia nos dice que cuando los partidos políticos se quedan atrás y dejan de ser instrumentos de cambio, pierden su relevancia y desaparecen. Precisamente, el PNP es resultado de ese proceso que sufrió el partido Estadista Republicano. Yo lo sé porque estuve allí. Como en tiempo feudal, los partidos se aíslan, elevan sus puentes y cierran sus portales de acceso, convirtiendo a sus habitantes en rehenes tras sus murallas. Habrá que ver si esta vez los progresistas quieran serlo.

El “wandismo” no lo inventaron Wanda Vázquez y sus ayudantes porque se enamoraron de las murallas de La Fortaleza; lo descubrió el pueblo cuando, en pocas semanas, notó que se podían tomar decisiones sensatas y hacer obra positiva con lógica y sensibilidad. Ha comenzado una nueva época.

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