Madeline Román

Tribuna Invitada

Por Madeline Román
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El sinsentido de un tiroteo

El fenecido sociólogo francés Jean Baudrillard planteó que todo lo que no puede ser comprendido (ininteligible) es criminal en sustancia.

Los crímenes sin motivo se han convertido en una pesadilla para la ciencia penal y para las personas en general. Cada vez que se suscita un tiroteo masivo (al parecer no vinculado con ideología alguna), profesionales de todo tipo, buscan producir sentido de estos trágicos eventos. Esto es, buscan encontrar en el sujeto perpetrador una razón para sus actos.

Como fue planteado por Michel Foucault en su libro La vida de los hombres infames, el deseo es que el sujeto confiese, que exprese el vínculo entre el acto cometido y sus motivaciones. En el caso del tiroteo masivo ocurrido en la escuela superior Marjory Stoneman Douglas, en Parkland (nombrada en el 2016 como la ciudad más segura de Florida), perpetrado por Nikolas Cruz, de 19 años, ya se ha dicho que el joven estaba lidiando con problemas mentales, si bien sus encargados indican que ellos no vieron ninguna señal que les sugiriera que Nikolas fuese capaz de esa violencia. Casos como este fueron contemplados por la psiquiatría legal del siglo 19 haciendo uso del término “grado cero de la locura”. Esto es, una locura que es todo crimen o bien un crimen que es todo locura. Como vemos, el término no nos ha llevado muy lejos pues sigue puesta la dimensión incomprensible de esta violencia.

Cada vez que se suscita un evento como éste también se activa el debate sobre el control de las armas. Hay más tiroteos masivos en Estados Unidos que en todo el mundo y sus ciudadanos tienen más armas que los ciudadanos de cualquier país del mundo. Esta mayor accesibilidad de las armas junto a la existencia de armas cada vez más letales abona a lo que el sociólogo Zygmunt Bauman denunció como una tendencia contemporánea: la modernización de la crueldad. Esto es, la tendencia a matar más y más eficientemente.

Los estudios criminológicos tienden a plantear que los perpetradores de este tipo de actos en Estados Unidos son en su mayoría jóvenes blancos, provenientes de los sectores medios y acomodados y residentes en áreas suburbanas alejadas de la violencia que, se entiende, es característica de las grandes ciudades. Es decir, jóvenes de los que se piensa que, en principio, no tendrían por qué activar el resorte de una violencia de este tipo. No obstante, por qué no considerar aquí la paradoja de una violencia que regresa a los sectores que se distancian de las grandes ciudades buscando protegerse (inmunizarse) de aquél otro (la clase imposible, “el sujeto en la carrera criminal”, los pobres, inmigrantes, etc.) que percibe como principal responsable de la violencia para terminar confrontando la violencia por parte de aquellos que consideran sus iguales (los de sus comunidades). En este sentido, los tiroteos masivos en los suburbios son el otro lado de la violencia de las ciudades.

Puede ser que los diagnósticos clínicos y la accesibilidad de las armas no sean suficientes para producir sentido de esta violencia. A quién o qué se mata con tanto disparo junto sigue siendo una pregunta obligada, aunque nos sigamos confrontando con el sinsentido de lo que tenemos de frente.

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