Eudaldo Báez Galib

Tribuna invitada

Por Eudaldo Báez Galib
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El sufragio desprotegido

El incidente que involucra a un juez y al esquema electoral, de ser cierto, constituye un evento trascendental en la democracia puertorriqueña. Máxime cuando la razón de nombrar jueces para presidir localmente fue darle dignidad y respeto al proceso.  Aunque asusta, tomémoslo como un llamado a despertar, y asumamos lo peor: que ha ocurrido antes y que volverá a ocurrir.

Creo que el ambiente generado en el país abre el espacio para una revisión total, no ya de la ley, sino del esquema en su totalidad. ¿Es la estructura vigente apropiada para los tiempos? ¿Debemos continuar con la filosofía de nivelación multipartidista para evitar el fraude? ¿Responde el gigantismo administrativo a una necesidad real? ¿Cuál debe ser el costo apropiado para garantizar elecciones honestas?

Desde 1982, cuando se nombró una comisión especial para revisar todo el sistema, no ha habido un análisis abarcador y comprensivo. La legislación posterior a la entonces aprobada desafortunadamente ha sido manejada, con raras expresiones, para inclinar el proceso y garantizar la hegemonía partidista.

Hay que reconocer, sin embargo, que aún con todos los señalamientos, nuestras elecciones han sido limpias. Inclusive, las más cerradas terminan aceptadas por todas las partes. ¿Es esa limpieza obtenible con otro esquema, más enjuto y menos costoso? Sí, es dable. En tantísimos otros lugares, con esquemas diferentes, ocurren.

Importante es subrayar que no fue el sistema de pesos y contrapesos de la Comisión Estatal de Elecciones el que descubrió esta intervención del juez. Fue el proceso partidista, y no tanto para sanear, sino como parte de las luchas típicas por el poder. Pero se hizo un gran favor al país. Apunta a que independientemente de la Ley, de la estructura de “balances”, del fuerte financiamiento de los sistemas y las pirámides administrativas, la violación ocurrió sin ser detectada.

No creo prudente seguirse ignorando que nuestro sistema electoral necesita estudiarse, sin limitaciones. No tanto por lo que ha ocurrido, sino por las señales que el propio esquema transmite.

Le corresponde, entonces, al gobernador convocar para que se atienda este urgente asunto que puede muy bien desbaratar un sistema político que está en entredicho, dentro una sociedad emocionalmente desgastada y con unos procesos partidistas rotos. El cómo y dónde, el señor gobernador sabrá, pero el cuándo, es ahora.

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