Francisco A. Catalá

Punto de vista

Por Francisco A. Catalá
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El sur y sus negocios tras los sismos

Contracción económica, insuficiencia fiscal, cierre de empresas, emigración masiva, descomposición social, deuda impagable, degradación ambiental, deterioro infraestructural, acusaciones de corrupción e ineptitud… Ciertamente, la lista de problemas que Puerto Rico ha enfrentado durante los últimos años resulta abrumadora. Para colmo, los desastres provocados por la naturaleza – el huracán María y la serie de sismos con que se ha transitado del 2019 al 2020 – han agravado la precariedad y han sacado a flote la debilidad institucional y la pobreza que con tanto empeño se intentara ocultar.

Los males citados se han dejado sentir a lo largo y ancho del país. Pero desde que comenzaron los sismos se han ensañado con la población de los municipios del suroeste. Primero el movimiento telúrico, luego el resquebrajamiento de estructuras y la búsqueda de refugio, más tarde la incertidumbre, la preocupación, la desesperanza…

Algunos, los que pueden y quieren, optan por emigrar; a otros no les queda otro remedio que esperar el fin de los sismos y apostar por la recuperación. Para ello es indispensable algo de lo que no se habla lo suficiente, gestión empresarial en todas sus formas: privada, pública, cooperativa, comunal, individual…

Son muchos los negocios (centros comerciales, hoteles, supermercados, farmacias, manufacturas, oficinas profesionales, chinchorros, etc.) que han tenido que cerrar sus operaciones. Esto se traduce en desempleo, pérdida de ingresos y desarticulación en la producción, en la línea de suministros y en la prestación de servicios. Restaurar la actividad de los distintos componentes de la economía local de los municipios afectados constituye un reto que no se puede soslayar. Esto presume la concertación de muchos intereses, empezando por las autoridades públicas, las empresas y sus empleados.

Dicen los economistas institucionalistas que la gestión empresarial responde a reglas de juego que son diversas en tiempo y espacio, que cambia de rumbo y asigna recursos en correspondencia con las alteraciones en las circunstancias. Pues ahora las circunstancias se han alterado significativamente. Esto es un hecho indisputable. Por lo tanto, es obligado actuar en correspondencia.

William J. Baumol, prestigioso economista fallecido hace pocos años y buen amigo de Puerto Rico, consideraba que la gestión empresarial tiende a sesgarse hacia fines improductivos cuando la enceguece el lucro. Sin menoscabo de lo necesario para la subsistencia y continuidad operacional en el mercado, lo recomendable – sobre todo en estos momentos – es que tal gestión tenga como objetivos medulares el bienestar de los empleados y el servicio a los clientes en el marco de los esfuerzos de recuperación. Con estos parámetros no debería ser difícil lograr la concertación.

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