Amarilis Ramos Rivera

Tribuna Invitada

Por Amarilis Ramos Rivera
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El tabú frena prevenir el suicidio entre jóvenes boricuas

Las estadísticas más recientes reportan que el suicidio en jóvenes a nivel mundial se encuentra entre las primeras tres causas de muerte. En Puerto Rico, es la segunda causa de muerte violenta. Evidentemente, existe una necesidad de redirigir nuestra mirada y desarrollar responsabilidad social para lograr mejorar la salud mental del País. A pesar de que las estadísticas en la isla reflejan que el suicidio no es un acto frecuente entre las etapas de la adolescencia y de la juventud, diariamente, nos encontramos con jóvenes involucrados en conductas que pudieran poner en riesgo sus vidas en algún momento.

No obstante, el terror social al “efecto imitación” ha promovido el tabú en nuestras familias y comunidades sobre el tema, limitando la oportunidad de adquirir un conocimiento claro y necesario. En meses recientes se generó una discusión pública relacionada a dos fenómenos relacionados al tema del suicidio. Por un lado, el juego de la Ballena Azul (donde se reta la participación de jóvenes a ciertas conductas riesgosas, que podrían terminar con sus vidas), y por el otro, la serie “13 Reasons Why” (donde una joven graba en cintas las 13 razones mediante las que justifica su suicidio). Fue evidente la incomodidad confrontada para hablar sobre el asunto por parte de la ciudadanía e incluso profesionales de la salud. Esto resulta preocupante porque callar es la respuesta equivocada.

En ocasiones, los jóvenes no poseen las destrezas adecuadas para el manejo y expresión de emociones. Esto hace que la adolescencia sea una de las etapas de mayor riesgo. Además, existe la falsa idea del reconocimiento para alimentar la autoestima, promoviendo un escenario complejo para lidiar con el tema del suicidio. Las investigaciones sobre el tema del suicidio sugieren diferentes razones por las que se consuma el acto. Algunas de estas son la depresión, el “bullying”, ruptura con una pareja, entre otros.

El desarrollo saludable de cada joven será el resultado de su bienestar en un futuro y en el de la sociedad. Existen dudas en relación a cómo manejar el tema del suicidio, pero ante la incertidumbre no debe caber duda de que el silencio no es la opción correcta.

En efecto, la comunicación es la clave para identificar las señales y actuar. Los medios de comunicación, los educadores, los profesionales de la salud y todos los componentes de nuestra sociedad estamos llamados a levantar nuestra voz. Debemos promover el diálogo sobre el tema para que toda persona que se encuentre en algún comportamiento de alto riesgo sienta el deseo de hablar. 

Sería irresponsable esperar que otros trabajen la parte que nos toca como ciudadanos, como comunicadores y como profesionales. Los estudios reflejan que por cada acto suicida hay 20 intentos. No debemos permitir que se le reste importancia a un solo caso, ni siquiera a un intento, pues cada vida cuenta.

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