Annie Alfaro

Punto de Vista

Por Annie Alfaro
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El terremoto de La Guancha


Si de esta agua no has de tomar, déjala almacená... Vivimos en la isla de los “breaks”, de los borrones, cuenta nueva de tropezones con la misma piedra y no despejar el camino. ¿Qué se necesita para decir “basta ya”? ¿Un huracán, un terremoto, un meteorito?   

En estos últimos dos años, creo que he visto “casi todo” en cuanto a conducta humana y respuesta de la naturaleza. Ambas que se fueron de paseo un día y más pudo el desinterés que el amor que se tenían. El impacto a nuestro entorno ha sido atroz... pérdida de vidas, hogares, pobreza al descubierto, planificación sin conciencia, pérdida de talento, merma en la población, economía en vilo, salud, educación en “juego” y una ventana hacia el futuro a medio cerrar. Por todo esto y más, “nada peor nos puede pasar”. Es como ser ave de mal agüero, hasta que se abrió la puerta de un almacén de abastos ubicado en Ponce. Allí aparecieron cientos de suministros, víveres, toldos, estufitas, duchas portátiles, catres, agua y comida para bebé ya expirada que “alguien” había recibido de FEMA en tiempo del huracán María y no se distribuyeron.

Triste realidad, sobre todo cuando miles están en refugios y otros tantos pululan en fincas, espacios abiertos y terrenos baldíos por temor a regresar a casas inseguras.  Triste por demás, en un momento de tanta necesidad y la indigencia es un cáncer que gana terreno y la pobreza alimenta el futuro de nuestras generaciones. De hecho, ocho de cada 10 niños viven en pobreza, y la desigualdad económica entre la población es cada vez mayor. 

Según datos del Banco Mundial y Censo del 2017, la jurisdicción boricua es la tercera más desigual del planeta. Ahora nos damos cuenta que los terremotos han sacudido la pobreza, destruyendo la poca riqueza que quedaba después de María. Lo de la Guancha provocó que la gobernadora despidiera a su comisionado para manejo de emergencias y se abriera una investigación, como muchas de las que están corriendo hoy en el gobierno...sin llegar a la meta.

El terremoto del almacén de la Guancha nos ha tocado a todos, la corrupción volvió a enseñar su rostro y el pueblo entró en cólera. Los ciudadanos lograron abrir el almacén. Miembros de la Policía asistieron para que se hiciera de forma ordenada y los suministros se repartieron entre los necesitados.  Y no eran amigos del alma.

Mientras esperaban para recibir suministros la gente celebró la salida de Carlos Acevedo, pedían que alguien “diera cara” y se preguntaban hasta cuando Alibaba y secuaces esconderían en sus cuevas de poder lo que alimenta la codicia.

Sí, el terremoto de la Guancha ha puesto a temblar los cimientos de todo Puerto Rico.  El mega almacén de la Compañía de Comercio y Exportación de Puerto Rico no sufrió daños estructurales, pero ha dejado nuevamente serias grietas al descubierto sobre el carácter de algunos que “trabajan” para el pueblo, la legalidad de contratos que enloquecen y los que se benefician económicamente de estos.  Al parecer, son muchas las cuevas llenas a capacidad. Decía mi abuelo que “con la boca es un mamey, el dulce gusta y empalaga”. Desgraciadamente, nuestro presente es uno muy agrio.

Hoy, la memoria corta regresó del paseo.  Se mira al espejo y ve los rostros de “los olvidados” y de tantos que se llevaron los chavos… porque entre huracán y temblor, llueve y no escampa. Y son muchos los que están agitados, mojados y no con agua embotellada. El pueblo hace tiempo que abrió el paraguas.


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