Fernando Collazo Collazo

Tribuna Invitada

Por Fernando Collazo Collazo
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El trabajador como empresario

A partir de 2006, Puerto Rico ha experimentado una marcada reducción, tanto en el nivel de producción como en la participación de los trabajadores en el ingreso del país, unida a una creciente desigualdad económica y social. Esto, a su vez, ha estimulado el interés en el desarrollo de empresas de capital local capaces de sobrevivir en una economía global.

Al mismo tiempo, se ha propagado casi como un clisé la idea de que es preciso preparar empresarios en lugar de empleados. Se ha ignorado, sin embargo, la posibilidad de una tercera vía: el desarrollo de empresas autogestionarias controladas democráticamente por sus trabajadores, en las que el trabajador sea, de forma colectiva, al mismo tiempo, empresario.

A finales de 2018, publiqué el libro La Economía del Autogestionismo Empresarial, precisamente sobre la naturaleza y el funcionamiento económico de este tipo de empresa. La evidencia empírica sobre el tema es contundente: la empresa autogestionaria es superior, tanto a la empresa capitalista como al socialismo estatal, en términos de eficiencia, bienestar y resiliencia ante las crisis. La misma genera menores niveles de desigualdad y conflicto social entre sus miembros. Su limitada propagación parece ser, pues, el resultado del poco conocimiento sobre la misma y la ausencia de mecanismos adecuados que faciliten su desarrollo.

La empresa autogestionaria, aunque poco conocida en Estados Unidos y Puerto Rico, es, sin embargo, mucho más común en países como Italia, España, Francia, Eslovenia y Uruguay. La Corporación Cooperativa de Mondragón en España, el ejemplo más exitoso del autogestionismo empresarial en el mundo, es de hecho un complejo de más de 200 empresas y sobre 60,000 trabajadores.

En Puerto Rico, por otra parte, existen actualmente alrededor de 60 empresas autogestionarias, clasificadas como cooperativas de trabajo asociado (Mar-Coop Molding), corporaciones especiales propiedad de trabajadores (Reciclaje del Norte) y corporaciones autogestionarias sin fines de lucro (Las Flores Metalarte). El autogestionismo empresarial no es, pues, una mera ilusión, sino un poderoso instrumento para la construcción de una economía más productiva, humana y resiliente.

Recientemente, en gran medida motivado por el proceso mismo de la globalización, en Estados Unidos se ha empezado a observar un creciente interés por la búsqueda de nuevas formas de organización basadas en una relación más solidaria y participativa entre el trabajador y la empresa. En agosto de 2018, por ejemplo, el Congreso aprobó la Mainstreet Employee Ownership Act, cuyo fin es promover la creación y el desarrollo de empresas controladas por sus trabajadores.

Algunos precandidatos a la presidencia han propuesto, además, incentivar la creación de programas que estimulen la participación de los trabajadores en las decisiones, las ganancias y el capital de las empresas y, por lo tanto, la armonización de los intereses del trabajador y la empresa en lo que podría considerarse una forma de intra empresarismo.

Dada la influencia de Estados Unidos, esta incipiente tendencia podría muy bien ser la chispa que estimule el interés en Puerto Rico por la empresa autogestionaria y otras formas de empresarismo solidario. A fin de cuentas, como señalaba un novelista francés, el verdadero camino del descubrimiento consiste, precisamente, en encontrar nuevos ojos.

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