Pedro Reina Pérez

Tribuna Invitada

Por Pedro Reina Pérez
💬 0

El trueno de la sombra

Las decisiones del Tribunal Supremo de Estados Unidos en los casos conocidos como Sánchez Valle y el de la quiebra criolla resultan esclarecedores pero no impre-visibles. La ausencia de una soberanía jurídica separada para juzgar criminalmente a un individuo, y para articular un proceso alterno de quiebra son dos filosas navajas enterradas en el cuerpo político del ELA. Si bien dedicamos décadas a la discusión del tema, empeñados en bordar rebuscados encajes jurídicos no empece la patente precariedad del hilo, estos dictámenes no develan nada que no se haya dicho antes. Simplemente lo adjudica.

Ni pacto bilateral ni unión permanente advirtieron algunos preclaros. Vicente Géigel Polanco, José Trías Monge, Roberto Sánchez Vilella y Juan Manuel García Passalacqua, entre otros, vivieron muy cerca de Luis Muñoz Marín y conocieron las concesiones y los fracasos de aquella entelequia llamada Operación Estado Libre Asociado. Ninguno de ellos calló en vida lo que de aquel fracaso conocía. Con leer los libros que consignaron a manera de testamento bastaba para precisar las claves de aquel simulacro que, si bien rindió cuota por un tiempo, comenzó a mostrar su horrible faz pese al maquillaje incesante que sus acólitos sin pausa le untaban. Dicho de otro modo, aquellas lluvias produjeron estos lodazales.

No obstante debo decir, que tras la avalancha de dedos acusadores en la cara de los estadolibristas, me provoca de manera particular el velado pánico que advierto en las huestes del anexionismo pregonando con ademán paranoico la posible llegada de la independencia. Y no es para menos. La decisión del Supremo combinada con la inminente aprobación de una junta fiscal plenipotenciaria—además de suspender la poca democracia electoral que existía—redobla la condición subordinada e inferior de Puerto Rico.

En otras palabras, las decisiones judiciales y la junta fiscal combinadas hacen del territorio no incorporado un subterritorio no incorporado. Si antes valía poco la voluntad de Puerto Rico en en ELA, ahora se delega el ejercicio a siete fulanos inmunes a la responsabilidad o al cuestionamiento. Semejante escupitajo en la cara sulfata la piel al primer contacto. Tal degradación del vínculo político combinada con las acciones inapelables que la junta desplegará en el desempeño de sus funciones supone un episodio inédito en nuestra historia, salvo acaso por el periodo de gobierno militar que inauguró el régimen estadounidense en la isla.

Ser ciudadano estadounidense, y tener un pasaporte que constituía el amuleto contra los demonios temidos de la soberanía, tampoco sirvió para mucho. Si en un año eleccionario como este la Casa Blanca y el Congreso sumergen por la fuerza a Puerto Rico en el fondo de una letrina y no pagan ningún precio político entre los electores latinos y boricuas que votan en las elecciones presidenciales, no habrá reivindicación posible. El sueño de la igualdad quedará ahogado entre la materia inerte y el detrito que saturan este angosto sumidero. Nadie tuvo el valor de denunciarlo hasta las últimas consecuencias ni la osadía de arriesgar el pellejo en el intento.

Resulta curioso pensar que para fines estratégicos el ELA fuera un mejor piso desde el cual gestionar la estadidad —por quimérica que fuera—que la mazmorra que habitaremos por los próximos cinco años. Eso puede explicar el consabido temor que atenaza al anexionismo frustrado que tal vez termine extrañando el ELA. Empero, las vicisitudes que nos aguardan como aumento de tarifas y racionamiento de servicios públicos deberían servir para comprender lo imperioso que será reinventar la política fuera de los tres ejes tradicionales que nos atormentan para gestionar una solución descolonizadora. Eso exige imaginación y osadía, valores que no son prestigiados en una colonia obediente. Ojalá que la sangre que brote cuando el látigo reviente haga más que dejar cicatrices y abone nuevas estrategias y discursos. Es eso o permanecer en una habitación pestilente y demasiado oscura.

Twitter: @pedroreinaperez

Otras columnas de Pedro Reina Pérez

viernes, 21 de septiembre de 2018

Ruega por nosotros

El profesor Pedro Reina argumenta sobre perversidad del drama que sufre gran parte de la población de la isla a un año de la catástrofe provocada por el huracán María

💬Ver 0 comentarios