Luis Rafael Sánchez

Desnudo Frontal

Por Luis Rafael Sánchez
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El Trumpanic flota

A diferencia del “Titanic”, el navío británico que se hundió entre el oleaje descomunal y el agua helada, el “Trumpanic” flota, no obstante los pronósticos de su hundimiento inevitable. Unos pronósticos que desenfrenó la encuestalogía, tan azarosa ciencia.

Olvidaron los encuentistas que en la feria política hasta lo imposible es posible cuando hay dinero para malgastar y fango para ensuciar reputaciones. Siendo así las cosas igual gana elecciones quien abandera el prejuicio múltiple que quien abandera la diversidad. E igual las gana el fulano impeorable o el zutano “menos peor”.

A la fecha actual toda igualación es permitida como denuncia el tango de Enrique Santos Discépolo, “Cambalache”. Un tango memorable cuya letra va y viene entre la pesadumbre y el cinismo: “Hoy resulta que es lo mismo ser derecho que traidor; ignorante, sabio, chorro, generoso, estafador. Todo es igual, nada es mejor, lo mismo un burro que un gran profesor”.

Flota el “Trumpanic” y las noticias de su flotadura horrorizan a millones de personas alrededor del globo terráqueo. Millones que asemejan la tal flotadura a un temblor de diez grados en la escala de “Richter”.

Por lo pronto hay que integrar el naufragio del “Clintonic” al almacén de las ilusiones perdidas: a lo pasado se le dice adiós. Por lo pronto hay que alistar la mueca de horror pues ya el Capitán del “Trumpanic” empieza a hacer de las suyas. La invitación a un funesto grupo de piratas anti a que lo acompañe en el viaje de su transatlántico deja mucho que desear.

¿Grupo de piratas anti? Los piratas antimujeres. Los piratas antijudíos. Los piratas antiprietos. Los piratas antilatinos. Los piratas antigays. Los piratas antiinmigrantes. Los piratas anti musulmanes. Los piratas antiderechos civiles.

Menos mal que el tiempo se llevará lo que trae, incluidos al bravucón Capitán del “Trumpanic” y los piratas anti. Entonces, ¿para qué padecer hoy si mañana el hoy será ayer?

Felizmente otra idea del tiempo sustentan los impugnantes de la moral social que practica el Capitán del “Trumpanic”. Desde el día posterior al inesperado naufragio del “Clintonic”, noche del 8 de noviembre del 2016, se establecieron en un hoy palpitante y sin fisuras. Desde el día posterior al inesperado naufragio del “Clintonic” no cesan de protestar, de lanzar acusaciones al Capitán del “Trumpanic”.

Unas se pregonan por megáfono, otras van escritas sobre cartulina con letras mayúsculas, incluso con letras escarchadas que fosforecen. Las acusaciones viajan del corazón a la garganta. 1. Fachista. 2. Imbécil. 3. Ni volviendo a nacer resultaría presentable como presidente de Estados Unidos 4. Lo repudio como mi Presidente.

No son pocas las acusaciones. Tampoco se puede decir que de las acusaciones, las protestas y los denuestos se encargan “los locos de siempre”. Para mi gran alivio, para mi inmenso regocijo, son locos nuevos. Locos de edad madura. Locos a mitad del camino de la vida. El sinfín de locos jóvenes.

Prohibido olvidar que “los locos de siempre” hicieron la revolución francesa, cuyas proclamas emblemáticas todavía se reclaman como guías de convivencia básica: libertad, fraternidad, igualdad. Prohibido olvidar que los “locos de siempre” rebatieron la invasión norteamericana a Vietnam. Prohibido olvidar que los “locos de siempre” desmantelaron la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas. Prohibido olvidar que los “locos de siempre” derrotaron la segregación racial surafricana. ¡De los cuerdos de siempre me guarde Dios, que de “los locos de siempre” me guardo yo!

Impresiona la marcha que presenció en la Quinta Avenida de Manhattan: ni se ve dónde empieza ni dónde termina, así de monumental es el gentío. Sobre todo impresiona la fiereza de la juventud que protagoniza la marcha. Una juventud prieta, judía, latina, gay, musulmana. Una juventud que marcha al compás de la inconformidad con los resultados electorales que juzgan como una estafa a la historia.

Si la historia se entiende como evolución constante, entonces sí se trata de una estafa a la historia. Pero, nadie ha dicho o nadie ha escrito que la historia está condenada a evolucionar. Desdichadamente, veces hay cuando la historia ensaya la involución. La ensaya a pesar de las responsables voces de alerta sobre la competencia indudable de éste y la mediocridad garantizada de aquel. La victoria del Capitán del “Trumpanic” muestra que la historia sí puede involucionar.

Pronto la “nación esencial del universo” la capitaneará un hombre apático a la vicisitud ajena, un millonario que ambiciona fulgurar como político, a pesar de no dar la talla.

Sobra decir que los manifestantes terminarán por acatar la voluntad de las urnas. Aunque el descontento da pie a parafrasear otra aguda sutileza idiomática de Miguel de Unamuno, nuestro contemporáneo: “Una cosa es vencer, otra cosa es convencer.”

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