Paul E. González

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Por Paul E. González
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El turismo de comer

¿Qué mejor que comer el plato típico de un país cuando viajamos? Los platos varían con cada bandera, pero la nostalgia que se transmite nos ayuda a entender la cultura de la nación a la cual estamos visitando. Es en ese primer bocado donde comenzamos a comprender las manos que trabajaron la tierra, la frescura de los productos del patio y la receta generacional que se siguió. La emoción que surge es adictiva.

El viajar para comer se ha convertido en un estilo de vida para las nuevas generaciones. Tanto así que los Millennials -según el Food Institute- están gastando el 44% de su sueldo anual en experiencias gastronómicas, la mayoría de ellas cuando viajan fuera de su país base. Esto es un contraste enorme con la generación de Baby Boomers, que fue más conservadora en decisiones financieras y su mayor consumo fueron lujos materiales. El World Food Tourism Association reveló que más del 50% de los Millennials se consideran turistas culinarios en comparación con un 30% de los Baby Boomers.

Ahora bien, el turismo gastronómico va mucho más allá que simplemente comer por comer o viajar para “postearlo” en redes sociales. En una encuesta realizada por Top Deck Travel en 2016, resultó que para estas nuevas generaciones el probar la gastronomía auténtica del país les ayuda a entender su cultura, los hace parte de la historia y crea sentido de comunidad. Las experiencias culinarias se han convertido en la prioridad de estos viajeros, y el comer se ha vuelto mucho más relevante que festejar o hacer compras.

El editor de la revista de viaje Skift Magazine, Greg Oates, dijo que el crecimiento exponencial del turismo gastronómico está reinventando cómo los destinos se posicionan en el mercado global. Al igual que muchas otras industrias, el turismo está cambiando a velocidad luz y para los viajeros las experiencias culinarias son más importantes ahora que hace cinco años. Estas experiencias van más allá de los restaurantes, también existen las visitas a mercados, clases de cocina, giras guiadas, ente otros.

Estas realidades nos abren las puertas a un sin número de oportunidades para impulsar la economía del país que sobrepasan las estrategias tradicionales. Estamos en un gran momento para crear un verdadero ecosistema gastronómico que involucre a todos los pilares de la industria culinaria local (chefs, restauranteros, asociaciones profesionales, oficinas gubernamentales, etc.) para resaltar el ofrecimiento existente y formular una experiencia de 360 grados de calibre mundial. Si hay algo que puede atraer al turista a nuestra isla, es la sazón de nuestras abuelas, las recetas de nuestras madres, el cuerito de lechón asado, el mofongo, la piña colada, las cebollitas del biftec y el traguito de ron bien tropical.

Nuestra gastronomía es la puerta al mundo.

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