Noel Algarín Martínez
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El último viaje del astronauta

¿Se puede ir más alto? Esa parece haber sido la interrogante que catapultó la carrera de Héctor “Picky” Soto, el genial voleibolista puertorriqueño que esta semana anunció que su último viaje por encima de la malla ya se completó.

Fueron miles las horas de vuelo que acumuló el atleta natural de Arroyo en 22 años de carrera. Miles también los remates que salían disparados de su mano como golpeados por el martillo de Thor, dios del trueno en la mitología nórdica.

El voleibol nacional nunca vio a un voleibolista como él, versión mejorada de todos los referentes anteriores. El voleibol nacional tardará mucho en volver a ver a otro voleibolista como él. Seis pies y seis pulgadas de estatura, pura fibra, elasticidad, potencia y técnica. Y luego lo que no se enseña ni se puede comprar: carácter, tesón, resilencia, inteligencia, el empuje y deseo de ser mejor cada día, de volar más alto cada día.

Picky reunía las características físicas para ser un atleta de primer nivel, pero si el fuego competitivo no hubiese ardido con tanta intensidad en su pecho, quizás no hubiésemos celebrado su título de mejor anotador del Campeonato del Mundo FIVB Japón 2006, gesta que repitió un año después en la Copa del Mundo FIVB. En ambos torneos, Soto ofreció una exhibición ofensiva portentosa, pero más importante aún, logró que el mundo se enterara que en materia de voleibol masculino, el Caribe era mucho más que Cuba. Nadie como Picky para describir lo que vivió en el Mundial de 2006.

“Me acuerdo que en la conferencia de prensa luego del (primer) juego ante Argentina, la primera pregunta que me hicieron ni la contesté. Lo que dije fue: ‘¡Hola mundo del voleibol!’. Lo que hice con eso fue presentar a Puerto Rico como una nación relevante dentro del voleibol. Ese juego tiene esa importancia. Junto a mis compañeros logramos que la gente supiera del voleibol de Puerto Rico”, contó Soto el pasado jueves, día que anunció su retiro de las canchas.

Con Soto como atacante, Puerto Rico tuvo sus ciclos más fructíferos a nivel internacional. Ahí están las tres medallas de oro seguidas desde los Juegos Centroamericanos y del Caribe de San Salvador 2002 a Mayagüez 2010 como mejor muestra, además de tantas otras medallas y trofeos con la Selección o a nivel de clubes, tanto en el torneo nacional como en las mejores ligas profesionales del mundo.

Pero 22 años de saltar y volar son muchos. A riesgo de sufrir más desgaste y marcharse fuera de sus términos, el hombre a quien Julio “Buyín” Camacho bautizó como “el Astronauta”, prefirió decir adiós al voleibol a sus 39 años para disfrutar desde el suelo todo lo que conquistó surcando las alturas.

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