Ismael Torres

Punto de vista

Por Ismael Torres
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El valor de la vida

Hace unos años leí una pequeña novela que trataba sobre el mundo de los sicarios en el narcotráfico. Me llamó la atención la temprana edad a la que se les reclutaba para matar. En ese ambiente, un niño que llegaba vivo a los 12 años se consideraba un veterano, con varios muertos a cuestas. Algunos comenzaban a los ocho años de edad y su única protección eran los rosarios que hacían en la iglesia a su santo preferido para que los cuidaran hasta la próxima jornada.

Sobre eso pensaba esta semana cuando supe de la tragedia que se vivió en un residencial público en Ponce donde matones persiguieron a un joven y lo lincharon cuando intentaba entrar a toda prisa a su vivienda. Allí los pistoleros dispararon hacia el interior del apartamento e hirieron también a un niño de solo cuatro años de edad. Para sorpresa de todos, al llevar al pequeño herido de bala a un hospital, le encontraron unos 156 decks de heroína pegados a su pequeño cuerpo.

Posteriormente, la Policía encontró en el interior del automóvil del padrastro del niño una cartera de mujer con más drogas ilegales, y cuya propiedad reclamó la abuela materna del niño herido.

Los demás detalles de ese suceso son investigados todavía por las autoridades y la custodia del niño y de su hermanita de dos años quedó en manos del gobierno.

Lo ocurrido en ese residencial en Ponce devela algo de lo que muchos trabajadores sociales, psicólogos y especialistas en conducta humana han estado señalando por años sin que nadie le preste atención.

La vida de muchos niños en esos sectores de mucha pobreza es prácticamentre desconocida por nosotros, al igual que la vida de muchos jóvenes confinados en las cárceles e instituciones juveniles en todo el país.

Los niños y jóvenes en nuestras barriadas y residenciales se están criando solos, porque sus padres muchas veces están presos y sus abuelos y abuelas apenas pueden cuidarlos.

Es tiempo ya de dejar de invisibilizar el ambiente que se da en las comunidades pobres y en las instituciones carcelarias, del que poco o nada se sabe y sobre lo único que muchas veces se escucha decir es que si viven en esos sectores pobres y si están presos es porque no trabajan y son mantenidos del gobierno.

La situación es más compleja y debemos convocarnos todos a prestarle más atención a esos jóvenes porque mañana podría ser tarde.


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