Fernando Olivero Barreto

Tribuna Invitada

Por Fernando Olivero Barreto
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El valor del deporte en tiempo de crisis

En cada conversación de amigos, en las filas del banco, en el supermercado, o en los negocios que han podido mantenerse operando, la expresión general es la misma: Puerto Rico atraviesa una situación desesperante que nos afecta a todos.

La crisis causada por el impacto de dos magníficos huracanes, unida a la debacle económica que se manifiesta en una deuda nacional monumental, ha golpeado a todos los puertorriqueños. Cuatro meses después del impacto monumental sufrido, gran parte del país se acuesta cada noche sin servicio de energía eléctrica, temerosa de salir en la noche, sencillamente preocupada por si podrá retornar a su vida cotidiana.

Para muchos la preocupación es aún mayor. Los perturba si mañana conseguirán trabajo o si seguirán manteniendo el que tienen, por si podrán seguir pagando su hipoteca o por cuánto tiempo podrán seguir bajo la desesperante situación que los agobia. Otros muchos deciden dejarlo todo atrás emigrando en masa hacia un futuro incierto.

El gobierno ha adoptado medidas que intentan paliar la crisis que vive el país, sin que logremos desarrollar la convicción colectiva de que tenemos clara la ruta hacia la recuperación. Salir de esta situación no resultará nada fácil. Lo que sí resulta evidente es que para lograrlo es menester elevar nuestra confianza colectiva, creernos que sí podemos lograrlo y trabajar colectivamente para logarlo.

La experiencia nos dice que el deporte puede ayudar a liberarnos de ese pesimismo que nos arropa como pueblo, a levantar la cabeza, a descargar la ansiedad, a ver las nuevas alternativas, a no rendirse.

Aunque no sostenemos que el deporte tenga propiedades especiales capaces de hacernos olvidar la situación en que vivimos, menos aún corregirla por sí mismo, ciertamente tiene el potencial de contribuir a crear los elementos de confianza colectiva necesarios para enfrentar como país esta grave situación.

Para nuestro pueblo los éxitos de nuestros deportistas son motivo especial de orgullo y uno de los principales factores generadores de confianza social. Sus victorias resultan fundamentales para levantar la moral del país, sirviendo de elemento cohesionador de la sociedad. Los éxitos de nuestros atletas ayudan a la sociedad puertorriqueña a superar su sentimiento de inferioridad, creando en su lugar un sentimiento de confianza social colectivo con el que los atletas sencillamente nos enseñan a trabajar en función de una meta.

El deporte de alto rendimiento, en particular, es fundamental en el fortalecimiento de nuestra autoestima colectiva. Basta con recordar el sentimiento patrio que generó la medalla de oro de Mónica Puig en las Olimpiadas, el éxito de nuestros “rubios” en el béisbol, nuestro Tito Trinidad, las hazañas de nuestro Equipo Nacional de Baloncesto, de Adriana Díaz en tenis de mesa y los logros de múltiples atletas que han alcanzado prominencia a nivel mundial.

Y en momento de crisis, nuestros atletas y nuestras organizaciones deportivas han sido los primeros en mostrar su incondicional solidaridad con nuestro país. La labor de apoyo durante la emergencia de José Juan Barea será siempre recordada, como lo serán las contribuciones de múltiples de nuestros principales atletas y de nuestro Comité Olímpico, dando ejemplo de compromiso con Puerto Rico y con su gente.

Señoras y señores lectores, las hazañas y logros de nuestros atletas no son meras distracciones. Representan reafirmación como pueblo, autoestima colectiva, un sentimiento de que a pesar de nuestras limitaciones, podemos enfrentarnos al mundo con trabajo y dedicación. A través de sus logros le llevamos el mensaje al mundo de que nuestra patria no está derrotada, que está en pie de lucha en afán continuo de superar esta crisis.

Precisamente por ello nos sorprende la desatención que recientemente ha mostrado nuestro gobierno a nuestros atletas de alto rendimiento y a nuestro Comité Olímpico.

Resulta inconcebible que el fondo destinado a nuestros atletas de alto rendimiento sea eliminado y que la aportación al Comité Olímpico haya sido reducida a los niveles más bajos en los últimos 30 años, precisamente cuando inicia un nuevo ciclo olímpico. Lo que nos lleva a cuestionarnos si no existen otras áreas donde cortar gastos que, al fin y al cabo, le representan poco valor a nuestro país.

Las asignaciones al deporte no son un mero gasto a cortar impensadamente. Representan una inversión que le genera inmensas ganancias a nuestro país, tanto sociales como económicas. Sobre todo, permiten a nuestros atletas convertirse en mensajeros ante el mundo de los valores y virtudes de nuestra patria.

Es ahora, más que nunca, que nuestros atletas y nuestras organizaciones deportivas merecen todo nuestro apoyo, el ciudadano y, principalmente, el gubernamental.

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