Ismael Torres

Tribuna Invitada

Por Ismael Torres
💬 0

El valor de los libreros y bibliotecarios

La semana pasada se celebró en Puerto Rico la Semana de la Biblioteca, con varios eventos en los que se destacó la importancia de esos espacios en la actividad cultural y social de un país.

Mis primeros recuerdos de una biblioteca se remontan a mi niñez cuando por las noches en mi poblado agrario íbamos llenos de curiosidad y dudas a la biblioteca municipal de Orocovis, que ubicaba en una de las esquinas del primer piso de la casa alcaldía. Al lado opuesto del mismo edificio y en el mismo piso, estaba la cárcel municipal.

Mi mejor recuerdo de aquel recinto era que había libros que no se encontraban en la biblioteca de la escuela, principalmente libros de historia, concretamente libros con mapas, que eras los preferidos, y de literatura, en particular de  cuentos y poesía.

Por esos lares andaba mi memoria cuando el librero y editor Alfredo Torres, que por casi treinta años operó la librería La Tertulia, en Río Piedras, comenzó a leer en la Biblioteca Conrado F. Asenjo, del Recinto de Ciencias Médicas de la Universidad de Puerto Rico, una ponencia titulada “Leer en los tiempos de la prisa”. En esta hizo una apretada síntesis de la evolución del libro desde sus orígenes hasta llegar a las complejidades tecnológicas que lo han transformado.

En la proclama de la Semana de la Biblioteca, bajo el lema “Descubre tus pasiones en la Biblioteca”, se destaca que como repositorios y divulgadoras del conocimiento, las bibliotecas académicas, son imprescindibles en la formación de profesionales comprometidos con estos altos valores humanos, y han servido y seguirán sirviendo como instituciones confiables y de gran valor, y sus bibliotecarios, como artífices en el mejoramiento de la academia, la cultura y de nuestras comunidades.

En su conferencia el destacado librero y editor pasó revista a los avances que hemos atravesado por las innovaciones  tecnológicas que se han producido y su repercusión en las maneras en cómo generamos, disfrutamos o consumimos los productos culturales. Y nos indica que hoy se lee y se escribe más que hace 25 o 30 años porque a ese pequeño grupo de gente culta que leía y escribía se le ha sumado una multitud de  millones de seres a través del planeta, en buena medida gracias a la alfabetización, pero también al fácil acceso y a la masiva proliferación de los medios de comunicación electrónicos.

Y  cita al estudioso de las comunicaciones Marshall McLuham, cuando dice que “en una buena librería sopla la brisa de la contemporaneidad, nos sintoniza; permite los primeros contactos u ofrece encuentros de gran intensidad. Es un lugar para la convivencia intelectual y tiene el mismo valor de una conversación, no como un “arte civilizado”, sino como una parte necesaria del hábitat de una inteligencia viva en sintonía con el mundo”. Igual que en la biblioteca, agrego yo.

Destaca, además que el librero, y digo yo también el bibliotecario, debe ser un buen lector, para poder identificar la diferencia entre el libro y su realización en el cine, ya sea de una buena novela, un cuento o un libro de historia.  Y tiene que apostar, sin temor, al poder de la narración escrita, que generalmente es distinta a la narración cinematográfica. Y la razón no es para que compitan, nos dice, sino para demostrar lo mucho que añade en su relato

En defensa de la lectura, nos indica que una buena campaña de apoyo a la lectura tiene que partir de un justo reconocimiento a la literatura como un bien que no esté por debajo de ninguna otra forma cultural o artística.

En suma, que tanto editores, libreros y bibliotecarios tienen la responsabilidad de tener una sólida formación cultural para ayudar al lector a identificar las buenas obras literarias y que no se pierda  en el ruido que genera la enorme cantidad de libros que se publican.

Otras columnas de Ismael Torres

💬Ver 0 comentarios