Héctor Luis Acevedo

Punto de Vista

Por Héctor Luis Acevedo
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El valor de tu voto

Hace unos años fui a un pueblo del centro de la Isla a presidir unas primarias y allí llegó a depositar su voto un señor mayor en los brazos de sus nietos. Era un trabajador agrícola y al salir me dijo “esto no me lo pierdo por nada en este mundo”. Sabía que no le quedaba mucho tiempo y que ese día era de los pocos en que le venían a pedir algo que el poseía, era su día de la igualdad. Tanto valía el voto del rico como el del pobre, el patrono como el obrero, el universitario como los analfabetas. Era su día.

Dentro de un mes los partidos principales han de celebrar primarias para seleccionar sus candidatos. No siempre fue así. Antes de celebraban asambleas de nominaciones por delegados. En 1956 se aprobó la primera ley de primarias voluntarias. Al enviar el proyecto de ley el gobernador Luis Muñoz Marín explicaba:

“Puerto Rico necesita que se mantenga la responsabilidad de partido en el desarrollo de programas de gobierno, pero deben tomarse providencias adecuadas para que el ciudadano no se vea obligado en un número de casos a votar por candidaturas que no le ofrecen la confianza para poder respaldar el programa de gobierno en el que sí tiene confianza. Que el pueblo tenga no solo la receta sino una oportunidad más directa de seleccionar el boticario”.

En 1974 bajo la gobernación de Rafael Hernández Colón se aprobaron las primarias obligatorias para aquellas posiciones con más de una aspirante. Nuestra gente ha apreciado ese derecho participando mucho más que en Estados Unidos.

Aquí se han decidido elecciones para gobernador por menos del uno por ciento de los votos, por cinco votos para alcalde de Aguas Buenas y por 29 votos dentro de más de 200,000 electores para alcalde de San Juan. Tu voto puede decidir tus gobernantes. El que no vota le regala el valor de su voto a los que votan, o sea, que tú participas votando o no votando.

En estas primarias vamos a usar por primera vez las máquinas de contar votos las cuales aligeran los resultados pero no la votación. Se va a usar una papeleta parecida a la de siempre pero hay que marcar tu preferencia en un rectángulo bajo el retrato de tus candidatos escogidos. Si marcas de más te devuelve la papeleta para que pidas otra. Antes se anulaba ese voto.

Es importante esta prueba de ese sistema en las primarias, pues en éstas todos son votos mixtos y se producen cientos de miles de marcas más que en las elecciones donde la gran mayoría de las papeletas son votos íntegros con una sola marca en cada papeleta.

Un logro del país, poco apreciado, es que los comisionados electorales de los tres partidos acordaron por unanimidad este sistema y la adjudicación de la subasta. Ningún sistema es perfecto y hay que usar este ejercicio para corregir cualquier problema, pero vamos por el camino correcto.

El voto secreto es vital para nuestra democracia. Para que tú tengas derecho al voto secreto todos tenemos que votar secreto, pues si algunos votan abierto se sabe cómo votan los que no votan abierto. Esto se presta a coacciones anti democráticas que violan la dignidad humana.

El artículo 2-022 (f) de la Ley Electoral hace un delito electoral el revelar el contenido de una papeleta sea la de uno o la de otro. No hay derecho a votar abierto ni a violarle el voto secreto a los demás. El que calle ante esta injusticia con los más vulnerables a la coacción terminará como su cómplice o como su víctima.

El valor de tu voto decide futuros, abre caminos para reclutar a los mejores talentos de nuestra gente y cumple con los deberes de igualdad y libertad.

Adelante boricua, decide con tu voto.

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